El 14 de julio de 1789 el pueblo parisino se tomó la Bastilla, un hito que se recuerda como el día de Francia. En medio de los festejos galos recordamos un desconocido pasaje de la historia en que un país sudamericano quiso transformarse en protectorado francés y ser gobernado por un rey galo.

En 1859, Ecuador vivía un momento complejo: recién salía de una guerra civil y enfrentaba un conflicto armado con Perú por problemas limítrofes. La nación estaba convulsionada y las instituciones republicanas no lograban consolidarse en la sociedad de la joven nación.

En este ambiente, el entonces presidente Gabriel García Moreno apuntó a la mayor potencia de la época para copiar su modelo: Francia, que vivía el apogeo del llamado Segundo Imperio, con Napoleón III al frente.

Ecuador, protectorado

El plan de García Moreno era transformarse en un protectorado galo, y así ser parte del Imperio de Francia. El gobierno de Ecuador estaba dispuesto a ceder a Francia el archipiélago de Galápagos y algunos sectores de su amazonía, a cambio de protección ante la tensión con Perú.

El plan, incluso, apuntaba a que Ecuador se transformaría en una monarquía, cuyo rey sería un príncipe católico designado por Napoleón III. La idea era que este reino se expandiera a todo el continente con el nombre de Reino Unido de Los Andes.

Ecuador inició las gestiones con el imperio galo bajo estricta reserva, pero la prensa peruana reveló el plan y de inmediato se encendieron las alarmas en todos los países sudamericanos, que veían esto como una amenaza a sus jóvenes repúblicas y como un intento imperialista de Francia por tomar el control del continente. 

El gobierno peruano despachó dos cartas: una en protesta a Ecuador por intentar fomentar un protectorado francés en Sudamérica, y otra a todos los gobiernos del continente denunciando lo que calificaron de “traición” ecuatoriana.

Francia dice que no

En medio de la tensión que se desató por la iniciativa ecuatoriana, Napoleón III descartó el plan del protectorado ecuatoriano porque ya estaba embarcado en otra intervención en América, que resultaba más atractiva política y económicamente: la instauración de un rey francés en México.

 

PUB/AOS