Una particular conclusión arrojó un estudio realizado por académicos de la Universidad de Chicago, en EEUU, quienes postulan que los gatos podrían influir en los ataques de ira que sufren algunas personas, todo a través de un parásito que vive en su excremento.

La investigación, como detalla Milenio.com, analizó el comportamiento de 358 personas, las cuales fueron divididas en tres grupos. Por un lado, las que no fueron diagnosticadas con ningún problema mental, luego quienes tenían trastorno explosivo intermitente para finalmente dejar a quienes reportaron desórdenes siquiátricos.

Tras revisar los resultados, el grupo indicó que los sujetos que mostraron tener trastorno explosivo intermitente tenían mayores posibilidades -dos veces más que el resto- de ser infectados por el parásito Toxoplasma Gondii, presente en las deposiciones de nuestros queridos mininos.

A pesar que este agente puede estar presente en muchos lugares, por ejemplo la carne cruda, los gatos se transforman en su principal portador ya que se aloja en su tracto gastrointestinal.

Según los investigadores, esta bacteria podría cambiar la química del cerebro humano, lo que aumentaría el riesgo de desarrollar conductas agresivas.

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