Según el primatólogo Pablo Herreros, la chimpancé vive en unas instalaciones con dos partes, una interior y otra exterior donde puede jugar. En su “casa” cuenta con calefacción, juguetes y diferentes objetos para enriquecer el ambiente, como hormigueros artificiales, y estimularla física y psicológicamente.

Para entretenerla por las noches, los responsables del zoo instalaron una televisión con cable detrás de un cristal y le dieron el control a Gina. Ella aprendió a manejarla a distancia y optó, como muchos humanos, por ver el canal porno.

Herreros asegura que los bonobos, unos “grandes simios tan cercanos genéticamente a nosotros como lo son los chimpancés”, tienen un amplio repertorio sexual sólo es comparable al humano, comportamientos entre los que se encuentran el beso con lengua, posturas como el “misionero”, la bisexualidad, homosexualidad y la masturbación mutua.

“Los primates humanos y no-humanos poseemos una intensa vida sexual”, dice el científico.

Se estima que el negocio de la pornografía genera unos 60 mil millones de dólares anuales. Además, las películas porno se sólo ven unos 12 minutos en promedio y según un estudio, tanto hombres como mujeres pensamos en sexo entre 10 y 19 veces al día, según El mundo.