La historia está llena de personajes y hazañas que merecen ser destacadas. Y para no olvidarlas y permitir recordar lo que hicieron en el pasado, los museos conservan reliquias asociadas a esos procesos.

Sin embargo, hay algunos casos en que la idea de destacar a un personaje va mucho más allá y se conservan “partes” de sus cuerpos como piezas de museo.

En el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia, en Italia, tiene entre sus colecciones dos dedos -el pulgar y medio- además de un par de dientes del astrónomo renacentista Galileo Galilei.

Las partes del cuerpo del científico fueron arrancadas del cadáver en 1737, cuando su cadáver fue trasladado desde una tumba a otra.

Aunque forma parte de una colección privada, el pene de Napoleón, es un artefacto histórico que muchos han buscado poseer. Según la información recopilada por BBC Mundo, el miembro de Bonaparte fue retirado de su cadáver en 1821 por un cirujano inglés, llegando a manos de un sacerdote italiano y posteriormente a un librero en Gran Bretaña.

En 1969, tras una subasta, un urólogo estadounidense se quedó con la pieza hasta su muerte. Se presume que en 2016, la pieza fue subastada y ahora forma parte de una colección privada en Argentina.

Otro pene que permanece en un museo es el que perteneció a Rasputin. Sin embargo, pese a que en 2004 el proctólogo ruso Igor Knyazkin fundara el Museo del Erotismo, donde se supone es una más de las 15 mil piezas que forman parte de la muestra permanente, nadie ha confirmado ni ha realizado pruebas al apéndice.

En el museo Henry Ford, en Estados Unidos, se conserva un tubo de ensayo en el que se guarda el último aliento de Thomas Edison.

Según cuenta la lectura del objeto, el médico del inventor acercó el objeto hacia su boca al momento de su muerte y posteriormente la selló para guardar el aliento de Edison.

El hijo del creador de la ampolleta pensaba que en ese último aliento residía el alma, y para conservarlo se lo entregó al magnate del automóvil Henry Ford.

Reliquias latinoamericanas

En la región también se han en museos piezas llamativas que alguna vez pertenecieron a héroes de la historia. En 2011 se conoció que una tienda de empeño en Texas, tenía en su poder lo que se suponía era el dedo con el que disparaba su revolver el revolucionario mexicano Pancho Villa.

En Chile, en la Catedral Metropolitana y luego de su traslado en 1911, cuando se celebraba el 29º aniversario de la Batalla de la Concepción, se guardan los corazones de los cuatro oficiales que participaron en esta gesta.

Los corazones se encuentran en una cripta de mármol en la que se lee “Auí en el primer templo de Chile y a la vista del Dios de los Ejércitos, para perpetuo ejemplo de patriotismo, se guardan los corazones de Ignacio Carrera Pinto, Julio Montt Salamanca, Arturo Pérez Canto y Luis Cruz Martínez”.

Por su parte en Argentina, el cuerpo embalsamado de Eva Perón sufrió un largo viaje antes de llegar finalmente a su última morada, una cripta en el cementerio de La Recoleta, enterrada a ocho metros de profundidad.

La ex primera dama fue embalsamada por el doctor Pedro Ara, quien se tardó un año en el procedimiento. Cuando los antiperonistas pusieron fin al mandato de su esposo, los golpistas hicieron esconder el cuerpo para evitar que el bando peronista lo utilizara para fines políticos.

El cuerpo llegó hasta España, desde donde finalmente regreso a Argentina, tras polémicas que incluían que el cuerpo había sido ultrajado por sus detractores.

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