Fundada hace 65 años por el empresario industrial Ciccillo Matarazzo, la muestra de arte de São Paulo tenía la intención de recrear la Bienal de Venecia, pero en Brasil. Para ello Matarazzo levantó un hogar permanente en medio de la flora tropical del Parque Ibirapuera, cuyo diseño para esta versión evoca un jardín para que los visitantes encuentren sus propios caminos. Son tres pisos de paredes de cristal al descubierto, para que entre la luz y se pueda observar el follaje desde el interior. Hay varios hitos en esta Bienal, como el bosque escultórico de Frans Krajcberg, fabricado en madera carbonizada e instalado a modo de transición del parque al pabellón. Nacido en Polonia, Krajcberg reside en el noreste de Brasil desde los 70’s, y ha hecho de la naturaleza su tema, material y causa. ¿Por qué este guiño a la naturaleza? En cierta manera debido a sucesos ocurridos en el país, específicamente el desastre de noviembre del año pasado en las represas mineras en Minas Gerais, la peor catástrofe ambiental en la historia de Brasil.

En la ceremonia de inauguración, el curador de la muestra –el alemán Jochen Volz– dijo que “estamos comenzando a entender que la única forma de asegurar que Brasil sobreviva, de proteger la tierra y la biodiversidad, es mantener a la población indígena y aprender de ella”, sentimientos que han encontrado durante mucho tiempo lugar en el arte brasileño.

Este año la Bienal de Sao Paulo cuenta con 340 obras de más de 80 artistas de 33 países, la mayoría nacidos después de 1970, bajo el título “Incerteza Viva” (Incertidumbre Viva). De estos artistas tres son chilenos: Felipe Mujica, Pilar Quinteros y Katia Sepúlveda, quienes contaron con el apoyo del Consejo de la Cultura y la Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC) del Ministerio de Relaciones Exteriores para presentar su propuesta.

Las obras y sus creadores

* “Las universidades desconocidas” (2016), de Felipe Mujica. Se basa en dibujos del artista creados con dos grupos de colaboradores: los artistas brasileños Alex Cassimiro y Valentina Soares, y las bordadoras del Jardín Conceição, un grupo de 40 mujeres de la ciudad de Osasco, Sao Paulo. Cada grupo bordará un lado de una cortina utilizando los mismos materiales y técnicas. 

* “Señales de humo” (2016), de Pilar Quinteros. Explora y registra en video la expedición histórica dirigida por el arqueólogo británico Percy Harrison Fawcett en 1925 en búsqueda de “Z”, como él llamaba a una antigua ciudad perdida que creía ser El Dorado, en la selva inexplorada de Brasil. La artista imagina América Latina como un territorio fértil para los paraísos perdidos y civilizaciones ocultas, a partir de lo que monta una búsqueda de los restos de una ciudad y el establecimiento de una reunión con sus ruinas.

* “Dispositivo doméstico” (2007-2012) y “Feminismo mapuche” (2016), de Katia Sepúlveda. La primera incluye una serie de collages hechos de revistas eróticas, destacando la creación de un lenguaje visual del deseo, y considera la exhibición del video “El hombre horizontal” (2016). “Feminismo mapuche” será una discusión en vivo entre dos activistas, y explora la teoría colonial a través del transfeminismo y el feminismo “mestizo” que trasciende el sujeto político “mujer” y la teoría feminista blanca.