Sofía Fernández de la Reguera tiene como centro de su trabajo las piezas únicas y de colección. Muebles antiguos y de estilo que, gracias a un trabajo delicado y amoroso, logran nueva vida para comenzar otra vez.

Conocida profesionalmente hace sólo un par de años bajo el nombre de Sofía de la Reguera Mueblería –su empresa de restauración y renovación de muebles– trabaja 100% a mano en cada detalle, pieza y color, con la idea de realizar un mueble único de colección.

La labor de esta microempresa es rescatar la esencia de estas piezas que, luego de desarmar y rearmar, trae de vuelta a la vida con toques frescos y modernos. Muebles con carácter singular, pensados para protagonizar espacios como objetos únicos, que entreguen toques de color y una atmósfera especial a los ambientes. Esa es la finalidad del trabajo de Sofía Fernández de la Reguera. “Siempre he estado muy interesada en el reciclaje y en el uso apropiado y no descontrolado de las materias primas en nuestro planeta. Además me encanta todo lo antiguo, lo bien hecho, la dedicación y significado que antes se les daba a las cosas, ya sean muebles, arquitectura, objetos, etcétera. Hay una intención y pasión detrás de lo que se hacía antiguamente con mucho detalle. Se creaba algo que pudiera permanecer y fuera de calidad. Lo contrario a lo que pasa hoy, cuando casi todo es desechable”, explica la diseñadora de interiores de la Universidad del Pacífico.

Esta pasión hecha empresa tiene sus orígenes cuando Sofía realizó su proyecto de título sobre el patrimonio del barrio Yungay. “Ahí me enamoré de la idea de rescatar y revalorar la historia que hay detrás de lo antiguo, que es lo que nos deja hoy en día”, señala.

 Luego, en 2014, mientras vivía y trabajada en Canadá, vino otro impulso a su emprendimiento. “Observé que los muebles se regalaban todo el tiempo o se vendían por muy poco, ya que había mucha rotación de personas que iban y venían. Incluso los muebles estaban literalmente botados en la calle. Había cosas muy lindas, y un día agarré un par de muebles que me regalaron y tuve la idea de renovarlos, ya que me gustaba el diseño pero estaban viejos, en mal estado o el color era feo. Así tuve la idea de crear una colección de tres muebles y venderlos para ver cómo me iba. Desarrollé una marca e ideas en torno a esto, y así empezó. Los vendí todos, luego volví a hacer una segunda colección, y pasó lo mismo. Me vine a Chile sabiendo que esto era mi pasión y que era algo muy especial, por lo que sí podría dedicarme con todo mi tiempo y con alta retribución personal como profesional”, comenta.

Para Sofía este trabajo es altamente gratificante, ya que hace lo que le gusta y a la vez aporta y ayuda al planeta. “La idea es rescatar ese diseño tan especial, poder volver a dar una vuelta, traerlo a la vida, que pueda ser parte de nuestra era y de nuestros espacios contemporáneos”, afirma.Dedicar su tiempo laboral a esto le ha traído además muchas retribuciones adicionales. “Las personas queden felices con sus muebles. Se sorprendan cuando ven esta renovación y se dan cuenta de que aún pueden darle uso a ese mueble que conservaban con tanto cariño. Por otro lado tiene una gratificación muy personal, ya que es un trabajo muy terapéutico con efectos en aspectos emocionales. Es de oficio, mucha manualidad y delicadeza, lo que permite crear una situación muy especial a nivel emocional y espiritual. Es un trabajo que trasciende en muchos aspectos de la vida, y eso es lo que me llena, que sea algo que me entregue y me permita llevar la vida que quiero para mí”, precisa.