No es usual ver en Chile la reedición de un libro en su aniversario número 10. Muchas veces los textos quedan abandonados, a la deriva, como si los libros pasaran de moda o su lectura fuera algo coyuntural. Es decir, tendríamos clásicos y lanzamientos, y todo lo demás sería una nebulosa. Por eso la nueva edición de Verano Robado a través de Tajamar Editores llama la atención. Eso, y la conciencia de estar presentando un libro de nuevo, con un prólogo que lo ponga en contexto y un nuevo capítulo centrado en uno de sus personajes. Uno solo de esos textos complementarios habría bastado para convertir a Verano Robado en un nuevo libro; así que es una ganancia tener dos.

Sobre el prólogo, destaco una  cita, en la que la autora María José Viera-Gallo escribe: “Más que retratar mi juventud, o peor, una generación, lo que pretendía era sacar la instantánea de un momento” (10). Y para profundizar en ella, primero unas líneas acerca del argumento de Verano Robado. Livia, la protagonista, ha terminado el colegio y, por razones que solo comprenderemos hacia el final del relato, está castigada. Hay un castigo específico por una falta específica; pero también parece que su estrella venía castigada: vive como en una casa limbo, que no es hogar ni tierra yerma. Además la madre solo alcanza a preocuparse de sí misma, y el hecho de que parta a Juan Fernández sin llevarse a su hija con ella solo lleva a reafirmar la idea de soledad, de estar a la deriva, sin apoyo. Teniendo en cuenta esas circunstancias –y la llegada del hermanastro Dangil a quedarse con ella-, Livia se las arregla como puede.

Entonces, ya que toma a esta adolescente en el verano de 2000, ¿es un relato generacional? Sí y no. Sí, porque las apelaciones son específicas y la construcción del mundo en que Livia se mueve (o de los mundos, más bien) apunta a elementos tangibles. Yo recordaba muchos de ellos, pero los viví de otra manera. Posiblemente, el libro no hable de mi generación específica, o tal vez, eso de las generaciones son solo tipologías que nos ayudan a configurar esquemas, pero que no resisten que cada una y uno de nosotros los someta a pruebas. Así que no es un retrato generacional, sino el retrato de Livia, esta adolescente que a veces piensa mucho las cosas, que otras no las piensa nada, que se arroja a la vida, y que le teme a la vida, que actúa bien y que comete errores. En el fondo, una adolescente que simplemente está viviendo y que, de esa manera, va constituyéndose en el mundo: sus cambios de identidad la ayudan a forjar su voz, aunque tenga que pedir prestadas otras voces en el camino. Así que Verano Robado es, mejor dicho, una novela de aprendizaje.

Pero también es una instantánea, como dice la propia Viera-Gallo. La foto del año 2000 nos muestra todo lo que ha cambiado Santiago en la última década. Primero en lo superficial. Cuando Dangil tiene la idea de ir a comprar al Pollo Caballo, que era una parada obligatoria cuando yo estaba en el colegio (además que estudiaba muy cerca), no pude evitar pensar que ese local de pollo asado y papas fritas de la Plaza Egaña desapareció por las obras de la línea de metro nueva que actualmente se construye. Ese local al paso ya no existe, pero están construyendo uno nuevo en Larraín casi al llegar a Tobalaba. El cambio muestra no solo un tema de dirección: sino que se trata de nuevas geografías, nuevas maneras de relacionarse con el entorno, nuevas formas de enfocarse. Así que esas menciones específicas, casuales, aparentemente superficiales que hay en Verano Robado nos hablan de la forma en que Livia ocupa el espacio, en que tal vez otros sujetos de la generación ocuparon esos espacios, con las creencias, rutinas e ideologías que traen consigo los lugares que habitamos y que por ese solo hecho, modificamos y nos modifican de vuelta. Por eso, es clave que esta novela de aprendizaje nos muestre a Livia de un lado para otro, estableciendo una cartografía que puede parecer errática, por cuanto no hay recetas para el crecer y el aprender.  

Originalmente Verano Robado se publicó en 2006. Era la primera novela de María José Viera-Gallo. Al compararla con su trabajo más reciente, por ejemplo, el volumen de cuentos Cosas que nunca te dije, vemos cómo ha madurado su prosa, cómo el uso del lenguaje al hacerse más sencillo –o menos dependiente de lo externo, como las letras de las canciones que aparecen en Verano… por ejemplo-, logra ir más allá, profundizar más. Diez años no pasan en vano. Pero esta novela no se pierde en la instantánea ni se lee solo por motivos de rescate. Sigue estando bien escrita y ya auguraba una línea de la autora por centrarse en personajes mujeres, por establecer relatos de mujeres alejándose de los típicos estereotipos de la escritura masculina; haciendo uso de una voz personal, clara, que no se esconde en neutralidades ni generalidades.

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Viera-Gallo, María José. Verano Robado. Santiago: Tajamar Editores, 2015.

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