El aumento de la expectativa de vida de la población es una tendencia mundial y Chile no es la excepción. De acuerdo a datos de la Ocde, la esperanza de vida al nacer de los países miembros de esta organización aumentó en promedio 9,6 años entre 1970 y 2010. En el mismo período, en Chile el aumento fue de 13,7 años.

Lo que sin duda es una buena noticia para las personas, es una señal de alerta para los sistemas de pensiones de los distintos países, que deben enfrentar los desafíos de una población que vive cada vez más.

En Chile, la Superintendencia de Valores y Seguros en conjunto con la Superintendencia de Pensiones, revisan periódicamente las estimaciones de mortalidad de los afiliados al sistema de AFP y de los asegurados bajo la modalidad de renta vitalicia, con el fin de otorgar bases realistas tanto al cálculo de las pensiones de retiro programado y al capital necesario del seguro de invalidez y sobrevivencia, como a la determinación de  las reservas técnicas que deben mantener en todo momento las compañías de seguros para garantizar o respaldar las obligaciones adquiridas con sus pensionados.

Los resultados de estas revisiones se expresan en la forma de tablas de mortalidad, cuya última versión incluye la experiencia de los años 2008-2013, mostrando nuevamente un aumento de la expectativa de vida de hombres y mujeres.

Las nueva tablas, que entraron en vigencia el 1 de julio pasado, permiten proyectar que las mujeres afiliadas al sistema de pensiones que hoy tienen 60 años (edad legal de jubilación) sobrevivirían en promedio 31,4 años, esto es 1,3 años más que las estimaciones anteriores, llegando a vivir hasta los 91,4.

En el caso de los hombres, que hoy jubilan a los 65 años, se estima que en promedio sobrevivirían 21,3 años adicionales, esto es 0,7 años más que lo proyectado anteriormente, lo que se traduce en una edad de 86,3 años.

En este marco, nuestra cuenta de capitalización o saldo al momento de pensionarse debe alcanzar para financiar más años después de la jubilación.

Como consecuencia veremos un impacto en las pensiones de los nuevos jubilados por  retiro programado, cuyos montos serán aproximadamente entre un 1,5% a 2,0% menores a los calculados antes de este ajuste.

En el caso de las rentas vitalicias, el cambio de tablas de mortalidad no tendrá efecto alguno para los actuales pensionados, y serán las compañías de seguros las que deberán absorber el costo de las mayores reservas que se deban constituir. Por otra parte, el impacto en el nivel de pensiones de las nuevas rentas vitalicias que se comercialicen a partir del 1 de julio, dependerá del grado en que las compañías se ajusten a las nuevas condiciones en este competitivo mercado.

Como sabemos, el sistema de pensiones en Chile actualiza las tablas de mortalidad cada seis años. Es probable que situaciones como las que se discuten en estos días se repitan en el futuro en la medida que la expectativa de vida de los chilenos siga aumentando por sobre lo proyectado. Por lo anterior, es esencial que el sistema tenga la capacidad de adaptarse a esta realidad, en especial en un escenario como el actual de bajas tasas de interés.

En este contexto, medidas como la actualización de la edad de retiro, el fomento de herramientas de ahorro, sean estas obligatorias o voluntarias, el  incremento de la cobertura del pilar solidario y la flexibilización de las alternativas de inversión de las AFP y de las compañías de seguros, se hacen muy necesarias para poder hacer frente a los nuevos desafíos que se presentan.

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