Chile es el país más centralizado de América Latina y por lejos el más centralizado de los países miembros de la Ocde. Esta declaración no es sólo una constatación hecha por especialistas o eruditos internacionales, sino un hecho que en muchas ocasiones determina nuestras vidas.

Hace algunos años Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural afirmó que “en Chile no da lo mismo dónde se nace”. Qué manera de hacer sentido esta afirmación, porque el lugar en el que nacemos determina muchas veces las oportunidades que tendremos por delante, lo que en materia de discapacidad es más que cierto.

Que lo digan las personas con discapacidad que recientemente amenazaron  con movilizaciones en la Región del Biobío debido a los problemas de accesibilidad que tienen en el transporte público, situación que en la capital está, al menos en las troncales, más resuelta con el tipo de buses que utiliza Transantiago. Escuchemos a los habitantes de zonas extremas, insulares o alejadas de centros urbanos que ven mermados sus derechos de acceso a la salud y la educación. Esa es la realidad que viven las personas con discapacidad en países centralizados como Chile.

 Así también lo vivió Luis, un joven que a sus 26 años decidió viajar en busca de nuevas oportunidades desde Osorno a Santiago. Sin grandes estudios y movilizándose en su silla de ruedas,  ingresó a Fundación Tacal a un curso de asistente administrativo. Su sueño, muy simple, como el de muchos chilenos: “Me veo saliendo de la casa de acogida, con una buena pega, viviendo en mi casa, y si se puede con una familia”.

Por eso hablar de descentralización no es fácil. Porque no sólo se trata de tener herramientas administrativas o cargos de elección popular en las regiones. Se trata también de dar oportunidades a todos quienes viven en lugares apartados, entregar recursos, contar con competencias humanas y técnicas y, por sobre todo, entregar facultades para decidir: qué queremos ser y de qué forma queremos aportar al país. Claramente las personas con discapacidad, hoy, no pueden decidir el camino de su vida.

Por ejemplo, en el Biobío más del 15% de la población está en condición de discapacidad, porcentaje superior a la media nacional, de los cuales el 71% no cuenta con trabajo formal. En tanto, en Los Lagos esta cifra se dispara al 77% sin acceso al mundo laboral, considerando además que sólo el 50% de las personas con discapacidad cursó la educación básica completa.

Desde Tacal no estamos ajenos a esta problemática y reconocemos la ardua labor que realizan una serie de organizaciones en los territorios en materia de discapacidad. Por eso este año, junto al programa Más Capaz, de Sence, nos hemos sumado a  este esfuerzo, arribando con un programa piloto en Concepción y Puerto Montt, para capacitar y buscar oportunidades de trabajo, y seguir aportando en la tarea de lograr la plena inclusión laboral.

Debemos mirar el proceso descentralizador desde la persona, es la mejor forma de avanzar en este desafío. Las autoridades deben sumarse a este esfuerzo. Como dije antes, esto no es cuestión de cargos más o cargos menos, es cuestión de dar oportunidades a quienes están más postergados. En Chile no da lo mismo dónde se nace, Santiago no es Chile y para las personas con discapacidad, esta realidad es aún más fuerte.

Fundación Tacal imparte cursos gratuitos para personas mayores de 18 años con discapacidad. www.fundaciontacal.cl; F.: 227351969 – 227370118; Adolfo Ibáñez 469, Independencia.

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