Si caigo yo, caes tú también. Qué feroz frase. Qué duro plantear una defensa afectando el entorno. Qué egoísta sentir que lo que me afecta a mí, tiene que afectar a todos. Hay una mirada restringida, hay una mirada pequeña. No se piensa a largo plazo, sólo el momento. La idea es zafar.

¿Es esto lo que le pasó a la Nueva Mayoría?

Conocimos a través de tribunales la forma en como operó el ministro del Interior pasado, Rodrigo Peñailillo, para intentar "salvar" la imagen de la Presidenta en la investigación por SQM. No dudó en afectar al Servicio de Impuestos Internos. No reparó en el daño público que podía hacerle a una institución vital para el sustento del Estado. Cuando una ciudadanía no confía en el servicio que recauda el dinero para sustentar el Estado, se pierden muchas cosas. Se pierde el respeto por el Estado, se corre el riesgo de recaudar menos, se enloda a la institución que permite el desarrollo democrático.

¿No es lo mismo que hoy sucede con el Servel?

La Nueva Mayoría no alcanzó a presentar su pacto de primarias. Hay un debate interno de lo que provocó esta falla. Pero se pagó un costo enorme por este "error".  Porque sucedió en el conglomerado que siempre ha resaltado su vocación democrática y de participación ciudadana. Ellos, los principales impulsores de las primarias, estuvieron a punto -por responsabilidad propia- de quedar fuera, de no seguir el camino que ellos mismo trazaron. Quedaron en evidencia.

Para subsanar una crítica dura por parte de la ciudadanía, pero principalmente de sus propios militantes, anunciaron que apelarían a la decisión del Servel. Están en su derecho, no es lo criticable. Pero se hizo denostando al otro. Se hizo evidenciando fallas, poniendo en entredicho lo sucedido, sugiriendo ilegalidad, cuestionando al presidente del consejo del Servel. El mensaje fue:  ellos se equivocaron, ellos se extralimitaron, ellos lo hicieron mal.

¿Era necesario enlodar el Servel para salvar sus propios errores?  

Al igual que con el Servicio de Impuestos Internos, afectar a una institución como el Servel -dejando instalada la sospecha- es afectar a un servicio que goza de una bien ganada reputación. En el país de la sospecha permanente, si hay algo en lo que confiamos todos, es en el desarrollo y la legitimidad de las elecciones.

¿Qué riesgos se corren, entonces, al poner la duda en el actuar del Servel?  Las mismas que en el SII.

Si miramos hacia atrás, esto se ha ido repitiendo una y otra vez. Para salvarme yo, hundo a todos los demás.

Pasó también con el Censo del gobierno pasado. Se tomaron pésimas decisiones, se improvisó. Pero para salvarse, su anterior director dinamitó un equipo de trabajo afiatado, con profesionales de gran experiencia, que terminaron fuera del Estado. Por salvar a uno se hunden todos.

En momentos de crisis hay una vocación de autodestrucción enorme. "Si caigo yo, caes tú".  

El problema es que mientras más instituciones caen, menos confianza y más desafección de la ciudadanía. La autodestrucción no salva a nadie y termina hundiendo a todos. Y como la historia se repite, parece que nadie se da cuenta. O peor aún, parece que a nadie le importa.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro