Desde que trabajo en medios de comunicación y en forma cíclica escucho esta advertencia: "hay que cuidar el trabajo". En cada crisis económica, que puede ser crisis de ganancias para los grandes grupos económicos, se repite y repetimos -nosotros los periodistas- como mantra esta frase.

Pero ¿qué significa "cuiden el trabajo"? ¿Qué significado tiene esta frase? ¿Es acaso una advertencia de que aguantemos cualquier cosa para no perder nuestro empleo? ¿Busca generar miedo, para apaciguar nuestras conductas? ¿Busca desactivar cualquier intento de protesta? O ¿busca dejarnos en claro quién tiene el "poder" para limitar nuestras expectativas y sueños?

Es nefasta esta frase.

Algo muy similar pasa estos dos últimos años con la frase "genera incertidumbre". Me pregunto: ¿incertidumbre para quién? ¿Qué es la incertidumbre, sino miedo a lo que viene? Otra vez se explicita el temor al futuro. O más bien, temor a los cambios.

Hoy, frente a la propuesta de No + AFP pasa lo mismo. ¿Qué estamos escuchando por estos días?  "Cuidado que las pensiones pueden bajar", "riesgo de populismo", "cambios de a poco", "expropiación", "el reparto ha fracasado en todo el mundo", "retroexcavadora" y la manoseada "es la clase media la que va a sufrir".

Basta. Basta de amenazas. Basta de inocular miedo. Basta de tratarnos de "tontos". No somos tontos, no es que no entendamos de lo que se habla. Basta de instalar el temor a los cambios. ¿Qué temor puede instalarse sobre el futuro, cuando ya sabemos lo que nos depara si no hay cambios de base en el sistema de pensiones? Basta. Basta de defensas a la clase media, cuando los que supuestamente la defienden nunca han sido clase media. Basta de caricaturas con una clase media que es prácticamente inexistente cuando el 70% de los chilenos gana hasta 420 mil pesos.

Ya el viejo discurso del miedo no funciona. No funciona, porque el miedo ya está aquí.  Está porque no existe movilidad social, porque sabemos que por mucho esfuerzo que pongamos, nuestra vida no cambia radicalmente si no nacemos en uno u otro lado de la ciudad. El miedo está aquí porque las pensiones de hambre ya se están pagando. El miedo está instalado cuando no sabemos cómo pagaremos la educación superior de nuestros hijos. El miedo existe cuando tenemos la certeza de que una enfermedad grave de alguno de los miembros de nuestra familia nos dejará en bancarrota. No nos hablen de miedo. Basta de amenazas.

Los ciudadanos no somos tontos, pero podemos ponernos muy pesados reivindicando en las calles nuestros derechos y cambiando la agenda del discurso público. No somos tontos, porque descubrimos y buscamos un cambio profundo al sistema de pensiones y podemos ponernos muy pesados como lo demostró la marcha del 24 de julio pasado, el cacerolazo de antenoche y la próxima marcha del 21 de agosto.

Atención. No somos tontos y podemos ponernos muy pesados.

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