Afortunadamente, en Chile ya superamos ese momento donde efectivamente, muchos nos creímos, los jaguares de América Latina.  En verdad, mirábamos a todos nuestros vecinos con un aire de superioridad.  Nosotros, Chile, era más ordenado.  Nosotros, Chile, era más serio.  Nosotros, Chile, no éramos corruptos.  Nosotros, Chile, estamos a un paso de ser como los europeos.  Pero no, nosotros, Chile, encajamos perfecto donde estamos.  No somos ni peor ni mejor que nuestros vecinos.

Haciendo un balance (de acuerdo, aquí no hay nada original) de este 2015, a lo mejor como nunca antes, entendimos lo profundamente equivocados que estábamos al creernos alguna vez "superiores".

En política comprendimos que sí se legisla bajo las órdenes del que pone las lucas.  Entendimos por qué hay tanta ley que favorece a unos pocos y no a la mayoría (ley de pesca, por ejemplo).  Entendimos cuánto y cómo mienten nuestros parlamentarios.  Entendimos también como esta corrupción se fue naturalizando y se volvió frecuente la frase "todos lo hacen".  Nos creíamos transparentes...pero no lo somos.

En los negocios entendimos que a una de las 5 familias más ricas de Chile no les bastan sus miles de millones de dólares sino que siempre quieren más y se coluden para lograrlo.  Entendimos que la colusión es mucho más frecuente de lo que creímos.  Entendimos también lo que significa posición dominante, monopolio, mercado pequeño y abuso.  Entendimos que el tan "defendido" libre mercado en Chile NO existe.  Entendimos que a la cárcel se va el que roba un celular de 250 mil pesos pero no el que se roba 500 millones de dólares de todos los chilenos al subir maliciosamente el precio.  Nos creíamos ejemplo de un mercado que funciona...pero no lo somos.

La presidenta patentó la frase de "emparejar la cancha", de terminar con las "desigualdades", del fin a los "privilegios".  Ese objetivo fue el motor de una serie de reformas que comparto.  Pero ese discurso se vino abajo cuando su propio hijo abusó de su posición de privilegio, su propio hijo aprovechó que no es como cualquier chileno para concretar un negocio lucrativo.  Nos creíamos éticos, pero no lo somos.

Las Fuerzas Armadas se han presentado frente a nosotros desde la dictadura como altamente profesionales.  "No hay comparación con militares, Armada y Fuerza Aérea del resto de Latinoamérica", nos convencieron que estaban a otro nivel.  Pero el accidente del avión Fach que fue a Juan Fernández, lo sucedido tras el maremoto con la Armada y lo ocurrido ahora con el millonario desfalco en el Ejército sólo muestra la realidad:  tenemos Fuerzas Armadas mediocres, que en vez de encarar las responsabilidades se defienden como "gatos de espalda", buscan proteger no al país sino sus propios privilegios.  Nos creíamos tan profesionales...pero no lo somos.  

Este balance del 2015 corre el velo de lo que somos.  No todo es tan dramático, reconocer la enfermedad es el primer paso para mejorarse.  Para dejar de creernos... lo que no somos.