Muchas veces, desde esta misma tribuna, he expuesto las pocas vías de participación ciudadana que existen en Chile. Es muy decepcionante que sólo nos pidan el voto para elegir a las autoridades, pero no existen plebiscitos permanentes, ni procesos revocatorios, ni iniciativa popular de ley. Sólo por colocar algunos ejemplos.

Tenemos poco "músculo" de participación.  Tenemos poco "músculo" de votaciones.

Esto no es casualidad.  Chile se "armó" para desactivar la participación. Para restarle fuerza al colectivo, para despreciar lo comunitario. Se incentiva desde la escuela el camino propio, el éxito individual, el "rascarse con sus propias uñas". Se desconfía de lo público, se exalta el valor de lo privado. Las encuestas lo demuestran, estamos satisfechos de la puerta de nuestras casas hacia adentro y desconfiamos de lo que pasa de las puertas de nuestras casas hacia afuera.

Desde la élite político-económica que maneja el poder, no sólo se desprecia a la ciudadanía (se habla de la "imposición de la calle" como si fuera algo negativo), se habla de la masa como el "populacho"; sino que también se le minimiza.  Hay una mirada muy paternalista hacia todos nosotros los ciudadanos.

Nos tratan de convencer de que no sabemos, que no estamos preparados, que no podemos tomar las mejores opciones, que tienen que decidir por nosotros. Pero todo esto no es cierto. Hoy hay muchas instancias de reunión y convocatoria social. Están todas las cooperativas que luchan por una vivienda propia, hay comités de barrios, juntas de vecinos, clubes deportivos que se reúnen todas las semanas.

Hay organizaciones ecologistas, animalistas, contrarias a los transgénicos, al Tratado TransPacífico o TPP. Hay organizaciones de base que buscan mostrar la violencia de género, denunciar las AFP, visibilizar a los endeudados, contener a las familias afectadas por enfermedades raras o de alto costo. Todos ellos pueden sumarse a los cabildos. Todos ellos pueden debatir sólo el tema que les interesa y sumarlo. Existe ciudadanía organizada, a pesar de que nos digan una y otra vez que no sabemos, que no podemos, que no conocemos.

A ese desprecio, yo le sumo temor. Hay miedo de esa misma élite a lo que digamos o manifestemos los ciudadanos. Hay temor a perder algo de ese poder. Hay temor a que se cambien las reglas del juego que los tienen a ellos en el poder.

Por eso es que si existe un espacio para la participación, creo firmemente que hay que tomarlo.

También a través de esta misma página he dicho muchas veces que me gustaría un plebiscito para definir, para que nosotros mismos señalemos si queremos una nueva Constitución y qué mecanismo deberíamos usar. Que fuera un proceso vinculante 100% y que se llevará adelante a través de una Asamblea Constituyente. Estas posibilidades hoy no aparecen en la propuesta que viene del Gobierno. Reconozco además que la propuesta, como está, despierta más preguntas que certezas, provoca dudas y hasta desconfianza. Dicho todo esto, creo firmemente que hay que participar.

Estamos tan poco acostumbrados a que se nos invite a participar. Estamos tan poco acostumbrados a que se nos convoque a debatir de temas políticos. ¿Hace cuánto que esto no pasa en Chile? Este también es un factor que hay que enfrentar a la hora de "subirse" al proceso constituyente. Pero sigo firmemente convencida de que hay que participar.

Por esto es que me entusiasma participar en los cabildos para una nueva constitución. Me entusiasma reunirnos para hablar de política. Me ilusiona pensar y discutir la organización de sociedad que me gustaría para Chile. A pesar de los ruidos, los ripios y las dudas.

¿Cuál es la alternativa? ¿Seguir "pataleando por Twitter o Facebook? No, no es alternativa. La alternativa es participar.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro