¿Para qué existe el salario mínimo? ¿Es una ecuación? ¿Es una serie de números que metemos en una calculadora, donde agregamos un 2 o un 10 por ciento? Para así hacer una diferencia de 135 pesos la hora entre el año 2016 y el año 2018.

¿O es una construcción social?  Un pacto social que define el punto de equilibrio para dar una vida digna a un trabajador y a su familia.  Un salario que asegure que esa persona supera la línea de la pobreza y cubre sus necesidades.

Hoy el salario mínimo alcanza los 250 mil pesos. ¿Para qué alcanzan estos 250 mil pesos? O mejor dicho ¿alcanzan para algo esas lucas? De acuerdo a la Fundación Sol, alcanza para un kilo de pan diario, para el pasaje de ida y vuelta al trabajo y para pagar el arriendo de una pieza.

Entonces, ¿podemos seguir haciendo un cálculo eterno de agregar a esa cifra un 2 por ciento? ¿O un 4 por ciento? ¿O un 10 por ciento? ¿No estamos errando o -lo que es peor- evadiendo el tema de fondo?

Si vamos a las cifras económicas, el número tampoco da. Países que tienen o tuvieron el mismo Producto Interno Bruto que hoy tiene Chile, tienen o tuvieron entre un 30 por ciento y hasta 4 veces más el mínimo de Chile. Hoy este sueldo lo reciben 800 mil personas. Y es un mito que el sueldo mínimo sólo lo paguen las pequeñas empresas.  

El sueldo mínimo además actúa como faro. De su cálculo se desprenden otros cálculos. Sobre su valor se van definiendo los otros sueldos de Chile.  

Pero más allá de eso, no se pueden entender las diferencias. ¿Cuántas veces se multiplica el salario mínimo del junior de una empresa respecto a uno de los ejecutivos de esa misma empresa? ¿Cómo es que compañías que obtienen ganancias de miles de millones de pesos pagan salarios mínimos a parte de sus trabajadores? Ahí podemos entender el alto ingreso per cápita de nuestro país, respecto al valor real de los salarios.

El tema de fondo, entonces, es que un salario mínimo adecuado se calcula buscando una seguridad social para el trabajador. Se busca mirando sacar a ese trabajador de la pobreza. Se calcula mirando de cara al trabajador y no dándole la espalda y mirando sólo a las empresas. El Estado tiene un rol que cumplir, no sólo para arrojar números a la calculadora, sino mirando esa cifra desde la sociedad. Para empujar el carro, no para mantener el statu quo. Debe garantizar que alguien que trabaja 45 horas semanales esté -por lo menos- fuera de la línea de la pobreza.

Hace nueve años, el obispo Alejandro Goic señaló que un salario digno debería estar en 250 mil pesos. Curiosamente hoy, todos esos años después, llegamos a esa cifra.  Sin embargo, si actualizáramos el número, llegaría a 400 mil pesos.

¿Cuánto tendremos que esperar para este debate de fondo? ¿Cuánto deberemos esperar para que se boten las calculadoras y se dé un sentido social a esta discusión?

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