Desde hace 10 años las y los estudiantes de todo Chile nos movilizamos para denunciar un modelo en crisis: la libertad de enseñanza por sobre el derecho a la educación fue condición suficiente para que los mercaderes de la educación crearán con impunidad colegios y universidades de escasa calidad y nulo compromiso con el país; al mismo tiempo que la educación pública fue abandonada y precarizada sin clemencia.

Por años este sistema educativo funcionó sin oposición, y a vista y paciencia de todos. Nuestra educación se vendió al mejor postor. Pero el modelo hizo agua y lo denunciamos ante todo Chile siendo “pingüinos” en 2006, y reafirmamos siendo universitarios con la crisis educativa del 2011.

Hoy, a diez años, el conflicto educacional sigue abierto y el entendimiento de la educación como derecho social es una deuda pendiente. Por el contrario, los camuflajes han abundado: tal como lo fue la LGE en 2008, hoy lo es la gratuidad que el Gobierno anunció con bombos y platillos, medida que no hace más que inyectar recursos a un saco roto, siendo la mejor beca posible pero lejana a un cambio estructural; y más aún, al entendimiento de la educación como derecho social garantizado, donde el tamaño de nuestra billetera no sea lo que determine nuestro futuro.

Con convicción el Gobierno nos dice que faltan recursos. Pero nuestra crítica no apunta a la posible gradualidad en la implementación de la reforma, sino a que su lógica no altera los criterios de mercado que actualmente la rigen. Así, el problema de fondo sigue siendo el mismo que explica los estallidos del 2006 y el 2011: la escasa o nula voluntad política por realizar cambios profundos que nos permitan volver a hablar de la educación como un bien público, democrático y al servicio de las grandes mayorías. Con convicción les decimos que tenemos propuestas y que queremos cambiar la educación. Con convicción le transmitimos a este gobierno que queremos una reforma que transforme el sistema educativo desde su raíz.

Cabe recordar que en estos años no hemos estado solos: con nosotros están los sueños de miles de familias que ven en la educación la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. A nuestro lado se ubican los docentes agobiados por extensas jornadas laborales, bajos sueldos y escaso reconocimiento social. A nuestra par están los trabajadores de la educación luchando por dignidad. Nuestra lucha no se reduce al corporativismo, nuestra lucha busca sentar el precedente para pensar un horizonte de país distinto, por eso no hemos estado, ni estaremos solos.

Somos nosotros los endeudados, a quienes a diez años del CAE se nos embargan nuestros bienes. Somos los maleducados, fruto de este sistema que nos prometió educación para la movilidad y nos entregó un 67% de egresados subempleados. Somos los alegres y rebeldes dispuestos a movilizarnos cuantas veces sea necesario. Aquí estamos y aquí seguiremos, hasta reconstruir la educación pública y conquistar una educación digna para todas y todos.

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