Llegó el Censo. Y los datos digitales confirman una sospecha: estamos frente a dos países. Y uno de ellos va a desaparecer inevitablemente. Ya está reduciendo su influencia: el Chile offline se está acabando.

Los valores del Chile offline, de un país cerrado al mundo se están terminando. Las 35.000 parejas del mismo sexo que viven juntas por eso merecen dignidad y tener matrimonio igualitario como lo están haciendo todos los países desarrollados. Viene algo realmente nuevo e inquietante para el viejo orden. Llamémoslo “La verdadera alegría”. El destape de nuestro país, postdictadura no fue desde los medios tradicionales como en la España franquista, es desde lo digital y desde ahí se expanden los panfletos de una revolución en ciernes, de un cambio de mirada, del conocer a los demás, de informarse por sobre las agendas establecidas: nosotros, tú, yo, tu vecino, desde su computadora imponen los temas. 

El 63% de los chilenos sobre cinco años sabe buscar información en Internet sin necesidad de ayuda. Si le sumamos a los datos de VTR y su proyecto Internet Segura que sostiene que más del 90% de los escolares está conectado es clara la tendencia: en 20 años, Chile será un país “Googleabilizado”.

2.240.473 chilenos tienen Internet en la casa. Pero eso no contempla el celular, el sistema de banda ancha móvil y la proliferación de centros con computadoras. Más de la mitad de los chilenos (57,58%) sabe enviar un correo electrónico sin ayuda alguna.  Sólo el 36,79% no sabe enviar un mail ni buscar información en la red. Es una minoría. 8.884.568 sí saben hacerlo. Son dos naciones.

Esto en 10 años ha explotado de una manera impresionante: el 2002 el 10,19% de la población tenía acceso a Internet en su hogar. Hoy son el 44,49% de los hogares chilenos.

Todo esto pone claro que los modelos van a tener que cambiar. Que los políticos, encausados en errores y que piensan que la gente no los vigila todo el tiempo, van a tener que modificar eso y ser transparentes. Que los medios van a tener que aceptar que el paso lógico en 10 años, cuando los chilenos que son niños hoy y no ven tele, sí van a ser importantes en el juego y van a tener que cambiar todos los modelos. Que la policía, que sigue pensando que no la ve nadie cuando es torpe, debe aceptar que son vigilantes vigilados. 

El país ya no es el mismo que creció mirando tele en los ochenta o escuchando radio hacia el estadio. Tenemos una sociedad de consumidores on-demand, capaces de generar noticias en sí y no ser apabullados por portadas que intentan insertar una idea: la nueva portada es tu propio computador. Estamos realmente empoderados y somos más los que estamos en línea discutiendo ideas para hacer de Chile una nación mejor. 

Se acaba la desconexión del mundo, el Chile de la isla. Habrá muchos nostálgicos de ello, mucha memoria de quienes pensaban que el control total era la fórmula del lugar mejor. Eso ya no corre más. Esas suposiciones, esa caricaturización de los movimientos ciudadanos y los debates se extingue a la misma velocidad en que haces click en tu aplicación para revisar lo que están diciendo tus amigos. Tus amigos son el nuevo entretenimiento. El resto, cada día más se parece a un ruido gigante, lejano y tedioso, a ignorar la libertad. Esa que hace tan bien.

Los valores del Chile online serán los que estarán en discusión en los próximos años. Nueva ética, nuevos valores. Nuevos crímenes, como la vejación de la intimidad por torpeza o la vía hacia una privacidad real. ¿Están preparados todos estos nuevos partidos y dirigentes para poner esos temas en el tapete? ¿No será que el problema real es que hay una generación en el poder que no sabe procesar la fuerza de todo esto? ¿Estaremos viviendo un gap que tendrá consecuencias? Esas serán las preguntas que se nos vienen, frente al triunfo del Chile digital.

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