En medio de los debates del aborto y el matrimonio gay, justo cuando comienza a levantar ruido la lista circulante de representantes en la Cámara que rechazaron la ley antidiscriminación, nuestros honorables diputados, pensando quizás más en el reestreno de “El Padrino” que en la actualidad aprobaron un quinto día feriado irrenunciable denominado “día de la familia” que sería obligatorio para todos.

Mi problema no es con los feriados. En el país anti contrato y pro boleta, donde la gente se rompe el lomo horas tomando un servicio de trans­porte indigno una tregua siempre viene bien. El punto es el truco de denominarlo “de la familia” en un país donde no todos pueden tener legalmente una.
¿Familia para un grupo? ¿Familia “bien constituida” como dicen los que no salieron mentalmente de 1950? ¿Familia para los heterosexuales? ¿Qué es la familia hoy en día?

Para mí, hoy, en tiempos donde uno puede elegir con quién se comunica y con quién está de acuerdo, familia no es con quienes naces si no a quienes vas eligiendo en el camino.

La idea de un “día de la familia” en un lugar donde no todos pueden tener una, es un truco, una agenda para ir promoviendo valores que no necesariamente tenemos todos y estaría bueno empezar de una vez por todas a respetarnos, y dejar de descalificar (como le he leído a tanto editorialista) a quienes “no llevan una vida espiritual”. Yo la verdad la llevo cuando pienso en el prójimo, pero no necesito transportarla a ninguna reunión, si no lo hago todos los días cuando intento no hacerle daño a nadie, si se quieren quedar tranquilos. O sea, soy responsable de lo que hago. Por eso me pregunto:
¿Por qué no transformamos en un país laico a la Navidad en el día de la familia?

Yo amo a mis padres y hermanos. Y lo digo desde esta esquina: no me gusta ni me parece. Esto parece ser mucho más un pequeño recado de “quiérame por favor” para los grupos que deberían ser afines al Gobierno y por el desorden interno (pregúntenle a Álvarez) no lo son. Y eso me mo­lesta. A la otra pongámosle “el día nacional del cariñosito” a esta idea hecha de algodón de azúcar que obviamente tiene su propia agenda.

Ojo con este dato: en Perú el día de la familia es cada segundo domingo de septiembre, en una jornada impulsada por adivinen quién: la Iglesia Católica que tiene la intención de reunir a padres e hijos en diferentes actividades, sobre todo eclesiásticas.

Yo quiero vivir en un país libre, donde se respete al disidente, al diferente, y se le dé espacio para que no exploten bombas de odio. Donde nadie se sienta marginado por no usar una etiqueta determinada por los que creen ser normales en un mundo que cambió. Si no, ahí tenemos el caso Zamudio. Zamudio tuvo la mala suerte de nacer en un país donde la envidia, la maldad, el odio a lo diverso, al extranjero, al que habla fuerte, al que es distinto siempre termina en condena. Y murió.

Probablemente éste no sea el lugar para ponerlo, pero es responsabilidad de todos hacer justicia por su caso. Cada uno de nosotros debe mejorar para que algún día una de esas ratas, que van por las calles y dicen vestirse de humano (y hasta tienen la osadía de jugar a sentirse superiores cuando sólo son bolsas de rabia y resen­ti­miento frente a cosas eviden­temen­te cambiables) no estén más entre nosotros. No será en vano hermano. Por lo menos los que damos la cara y siempre velamos por andar de frente no lo dejaremos así.
 Sería bueno que en vez de proponer esas ideas lo hubiesen vuelto “el día de la diversidad” en especial en estos días ¿no creen los del Congreso?

Ojalá se den vuelta por la calle y se den cuenta alguna vez que hay familias y familias.

Y no necesariamente son como las de ellos.