1. Si nos sumamos al optimismo tecnológico -que seguramente tomarán como bandera los menores de 35 años que estudian entrar a la industria de los medios - y jugamos a entender la televisión tradicional como algo obsoleto, la primera diferencia que existió entre eso y lo que está pasando tiene que ver con el poder de encontrar a mucha gente frente a algo: todo era un evento. No había segmentación: era torta grande y tiempo común.

La televisión On Demand y Streaming puede enfrentar esto de dos maneras: desde el talento o desde el dato. Es la diferencia entre la escuela HBO y Netflix, esta última la “perdedora secreta” de los Emmys, superada por FX Networks. Netflix funciona desde el dato, el gran dato (o big data) que es información. Pero la clave de la información es que sin conducción no sirve de nada. Alejandro Guillier fue el conductor de una era donde la información corría sólo por un carril. Con una carrera construida desde radio Chilena - primera señal de noticias 24 horas - pasando por el TVN de los 90 (el mejor de todos, el inspirado en la televisión francesa) Guillier fue parte de algunos de los proyectos periodísticos más interesantes y decisivos de los últimos 20 años. Proyectos en los cuales la política siempre estuvo presente, como un elemento decorativo. Que lentamente terminó tomándolo todo, cuya explosión es la primera protesta pingüina de 2006 que luego decantaría generacionalmente en el fenómeno 2011. Pasamos de lo incoloro a lo político. Guillier estaba observando. Pasamos como él, desde panel de “Tolerancia Cero” con Mauricio Israel a Fernando Paulsen. Pasamos a la profesionalización del análisis político. 

Y estaba al medio “haciéndose el Larry” como dirían en el barrio. Pero también haciendo carrera frente a todos, como un jugador de Pokemon Go. Con el mérito del caminar.

2. Estar al medio no tiene nada de malo. Hacer de “Forrest Gump” no es condenable. Lo importante es cómo te tomes el contexto. Guillier ya no pudo seguir simulando no ser de izquierda o de su versión chilena de identidad McCarthy “Centro-Izquierda”. Y ya lo sabíamos en el estelar de conversación “Tolerancia Cero”, como tampoco pudo seguir simulando Matías del Río o Fernando Villegas no ser del otro lado. En ese sentido el traje se cayó y la llegada de 2011 dejó offside a todos. De pronto las audiencias formadas por la tele, como gran motor cultural en los 90 tenían una formación y por tanto un resultado: la televisión, como todo, es política. Pasamos de televidentes a telemilitantes. 

3. La llegada de Guillier (y de su contraparte Ossandón) obedecen a la versión chilena del “que se vayan todos” argentino. Nosotros, una sociedad de gente menos tolerante al pecado (que en política es la corrupción) pero a la vez más apocada y conservadora no queremos llevarlos a un barco y que desaparezcan los políticos: queremos cambiarlos. Queremos que incluso, no sean políticos pero nadie propone que se deje de hacer política. Nadie quiere una revuelta, menos una dictadura. Quienes plantean eso en general o son personas que sólo tienen eso (política y discurso viejo que cita a Luis Emilio Recabarren mientras usan Uber ) o son gente que adhiere a ideales fascistas. Los dos extremos al chileno, que no se define ni de derecha ni de izquierda si no de centro de una u otra, no le gustan. Le molestan. Le cambian demasiado la seguridad que ya les cuesta tratar de mantener algo cuando se les cae el barrio cada 8 años por un temblor. Somos así. No somos mejores ni peores: somos chilenos. Somos una cultura y una identidad. Perfectible, por cierto, como diría mas de un sicópata.

Guillier no es un político. Esa es la clave. Es más: habla de ellos desde ser un observador. Guillier es un periodista y los periodistas son los sacerdotes cuando los políticos son los chivos expiatorios y la gente “siente” que tienen que ser sacrificados en el templo. Todo es relato. Ossandón es un técnico. No es para la gente el empresario tecnócrata. No es “del gobierno de los mejores” sino sospechosamente (y es lo que tendrá que dilucidar él y la gente) es “como ellos” porque “los conoce”.

4. Lo que nunca entendió la Concertación y la nueva mayoría es que los medios eran el mensaje. Torpedeadas sus reformas desde ellos, y asqueados siempre desde las políticas tipo Tironi de “la mejor política de medios es no tener ninguno” si ya lo sucedido con las medidas era evidente, la llegada de Guillier es un palo en la cabeza. Las batallas culturales se dan desde aquí, desde los discursos o desde la sonrisa de Karol Dance. MEO lo entendió con Karen. Guillier, el hombre que fue “el mas creíble de la tele” lo entiende desde la sensación del asado. Ojo: alguna vez la mamá de Chile también ganó. Y el “hombre exitoso y empresario” también. Lo importante es la historia, para todo lo demás, comerciales y ya volvemos.

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