La crítica de televisión norteamericana usa la frase “saltar el tiburón” para definir el momento en que una serie deja de ser interesante o del agrado popular. A partir de ese instante el programa decae. El origen tiene que ver con un capítulo de “Días felices” donde Fonzie, el protagonista, hace una acrobacia acuática sobre un escualo. De ahí en adelante “Días felices” fue replanteada constantemente para dejar de perder audiencia.

El término “saltar el tiburón” es lo que pensé el viernes pasado cuando leyendo La Segunda me encontré con la historia de la gira presidencial y el momento en que el Mandatario, para hacerse el gracioso, le dice a un diputado de Los Ángeles, al acercarle un niño rubio en los brazos, “estamos mejorando la raza”.

Difícil. Conflictivo. Sin gracia. Gente de todos los sectores del país ha emitido un mensaje que se viene repitiendo de hace tiempo: necesitamos igualdad de oportunidades sin importar de dónde vengamos ni cómo luzcamos. Esas cosas no puede decirlas ni de broma un Presidente. ¿Se imaginan qué desataría una situación así en un país europeo? ¿En Estados Unidos con su diversidad racial?

El argumento que muchos imponen es que es una frase viejísima. Es efectivamente una frase vieja, pero sin ninguna intención más que remarcar diferencias y esa búsqueda de superioridad y pertenencia tan sinsentido que caracteriza al pueblo chileno. Es como esa mala costumbre de abuela de decir a las madres novatas “te salió blanquito, bonito”. Duda: ¿es mejor eso a que salga de otra manera?

Y ahí esta la duda sobre el famoso chiste: ¿existe una raza peor? En el sur con la presencia mapuche, ¿los otros serían malos?

Si es una tradición decir esas cosas y por eso alguien se ofende me parece aun peor. Qué buena es la posibilidad de aprender a no discriminar y no seguir transmitiendo esos conocimientos tan primitivos.

No hay disculpa del Presidente sobre el ítem. Y sería bueno que hubiese. Somos muchos los molestos.

Ser gracioso o simpático no es una obligación. Tampoco es necesario recurrir a lugares comunes. En eso Piñera es imparable y complejo. Y a esta altura ya no es divertido. Las Piñericosas desde hace un tiempo se han tornado tristes. Han saltado el tiburón.

El tema no fue planteado en ningún informativo. Ha sido notorio cómo el periodismo ha ido conforme avanza la era de la Alianza en el poder ignorando temas sistemáticamente hasta que la presión popular en la calle y en las redes sociales los transforma en portada. Aysén en los diarios populares fue completamente borrado del mapa para ser reemplazado por temas como “las más guapas de Viña” dando a entender que hoy para escuchar verdades debemos escuchar rutinas de Bombo Fica, tener Twitter, ver CNN Chile y meterse a Internet a escuchar online las radios del sur.

Este año la situación social se pone tensa. Detras de las cámaras de televisión en Viña la gente gritaba consignas. Es evidente que lo de Aysén y lo del norte va en crecimiento y aún no conocemos la estrategia de la Confech este año. Hay que estar muy atentos, y los partidarios del Presidente también deben colaborar ayudándole a escuchar. Sería peligroso ignorar una situación de gran tamaño. Él y su equipo tienen en sus manos la posibilidad de mejorar el país y no tomar actitudes patéticas como las de Virginia Reginatto que planea censurar a los artistas. Ese es el Chile que no queremos. El Chile donde todos los días salta el tiburón para decepcionarnos.