Mas allá de todas las bromas que te tiente hacer, y que vamos a hacer, no porque sea personal, si no por su estatura de figura pop -¿quién no ha dicho todo calza pollo?- es bien triste lo que le pasa al popular Salfate. Juan Andrés Salfate debe estar pasando por una hora difícil luego de su detención por infracción a la ley de drogas. De partida el éxito que tiene mañana y noche se puede ver empañado por esos fiscales morales de la tele, que tienen tejado de vidrio y aprovecharán ahora de lanzarse contra él, a merced del rating. Querido por varias generaciones, representante de ese amigo que no crece nunca y sigue apasionado por sus gustos, envidiado por miles de tipos de terno y corbata que cambiarían casa, cama y pega con él, ahora va a estar en la mira de los buitres por el incidente. 

Aprovechemos de contextualizar un poco: Salfate es hito en lo que es la reinvención de un generador de contenidos, de comentarista pop a rey del relato. Un tipo que capta la atención de miles de personas en todos lados. La Iglesia Católica daría todo por tener ese nivel de atención en nuestros tiempos. Juan Andrés se transformó en un profeta de la era de Internet, cuyo libro fundamental es Google en la religión catódica.

Salfate trabaja en la televisión. Un ambiente de competencia que te empuja y anula, que te hace creer que lo más importante es tener batería para seguir recibiendo el calor de los focos. Cada uno se lo toma como puede. Unos se vuelven adictos a cosas, otros pierden el sentido de la realidad. Pero Juan Andrés, les aseguro y esto viene porque uno lo conoce y ha podido compartir con él (me tocó acercarme a un proyecto poco tiempo y fue un placer dialogar) no es de la categoría de la basura que uno mira seguido en los pasillos de los mundos del ego. Más bien es solidario, simpático, sonriente, preocupado de la familia, entretenido, querible. Un buena onda.
 
He conocido gente que es realmente mala dentro de los medios, gente penca. Tipos que te dicen algo y esconden cosas. Envidiosos, flojos, mala leche no más. Ellos son realmente peores que un cliente de una mierda como las drogas. Gente muy pequeña. Sólo en los últimos años he tenido la suerte de toparme menos seguido con ellos y la verdad te da una tranquilidad genial. Juan Andrés se hace daño solo y hay que ayudarle. Condenarlo por caer en esa basura sobrevalorada como son las drogas es ser tan perro como el dealer. Pero bajar línea y creer que Salfate es dañino por eso no sólo es no conocerlo (sus equipos lo adoran) si no también tener la clásica actitud soberbia y chaquetera que se destaca en mucha gente.
 
Alegrarse porque alguien se cae es una idiotez. De una mediocridad increíble en la que nuestro país cae bien seguido. En ese ánimo de policías, de papás del otro es el que tiene limitadas nuestras decisiones. Ojalá dos cosas: que esto nos ayude a reflexionar sobre esta sociedad en donde los narcos están en todos lados tentando. Los de verdad, los que acumulan riqueza con la enfermedad de los demás. Las drogas siempre han sido una mierda. Se les entrega significado para validar, pero no da. Es como ser adicto a comer cupcakes y alucinar con el azúcar: un gran sinsentido. Y por eso hay que evitarlas, hay que darles pelea discursiva. Hay que defender el cuerpo limpio de ello. Y lo otro es desearle a él lo mejor para que salga adelante de este mal momento. La gente lo quiere mucho y realmente lo siguen porque él se entrega a su público. Y eso se respeta, de corazón.