Pocos chilenos deben haber zafado las incesantes llamadas telefónicas de las famosas empresas de “factoring”, que no son más que instituciones que se dedican exclusivamente a realizar cobranzas extrajudiciales de distintas instituciones que otorgan crédito. Esto muchas veces termina convirtiéndose en un verdadero hostigamiento.
 
Es por ello que, junto a los diputados Miguel Ángel Alvarado y Gabriel Silber, hemos presentado un proyecto de ley que regula el hostigamiento telefónico que realizan las empresas de cobranza en contra de deudores de bancos o casas comerciales.

La normativa propone modificar la Ley 19.496 sobre protección a los derechos de los consumidores para que “las actuaciones de cobranza extrajudicial no puedan considerar más de dos llamados telefónicos diarios a la morada o lugar de trabajo del deudor”.

El cambio contempla también la eliminación del “envío de documentos que aparenten ser escritos judiciales. Tampoco se podrá hacer a través de escritos timbrados por un tribunal de la República sin que sea por intermedio de un receptor judicial o funcionario notificador competente”.
 
Los bancos y el retail obtienen ganancias millonarias. A esto se ha sumado un negocio paralelo: la cobranza extrajudicial, que está sobrepasando los límites de lo aceptable.
 
Es imperativo, que en un escenario en que los ciudadanos han alzado la voz para dar cuenta de este injustificado hostigamiento, generemos barreras legales a las prácticas utilizadas para amedrentar a los deudores.
 
En nuestros recorridos distritales, los vecinos y vecinas dan cuenta de que, incluso los llaman para que hagan pago de sus dividendos, cuando faltan 10 o 15 días para su vencimiento. “Es sólo para evitar intereses”, indican en la llamada. Esto puede llamarse, con todas sus letras, hostigamiento.
 
Este proyecto no es una solicitud para que la gente no pague, sino que es un emplazamiento a que las empresas tengan en consideración la tranquilidad de sus clientes, pues este tipo de llamados afectan la calidad de vida de las personas.
 
Los chilenos se caracterizan por ser muy buenos pagadores, por lo tanto, merecen ser respetados.

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