Es un gran avance que el Ministerio de Hacienda patrocinara una iniciativa con la que se busca masificar el uso del dinero electrónico y las tarjetas de prepago.

Ante la  situación de abastecimiento que enfrentaron los cajeros automáticos el año pasado, insistimos en que la industria se abriera a la competencia y a diferentes medios de pago. Para ello nos reunimos con el superintendente de Bancos, el presidente de la Asociación de Bancos,  el ministro de Economía y el presidente de BancoEstado. A este último propusimos que enfrentara el monopolio de Redbanc y Transbank generando su propia red para garantizar el servicio a todos los chilenos.

Este perverso monopolio  se mantiene desde los 90, es atemporal y dejó de existir en la mayoría de los países del mundo.

Por lo mismo, la Fiscalía Nacional Económica pidió al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (Tdlc) medidas para terminar con el monopolio de Transbank en la red de transacciones con tarjetas bancarias. Esto se ha vuelto altamente relevante por haberse incluido en la agenda de productividad.

En este escenario, se presentó al Congreso un nuevo sistema de compra electrónica, que de haberse aprobado, permitiría un cambio sustancial al contar con una tarjeta de prepago. Sin embargo, la iniciativa se detuvo ante la indicación del Ejecutivo que proponía que Metro asignara este uso financiero a la tarjeta bip!
 
La tarjeta de prepago, de la que hemos venido hablando desde hace bastante tiempo, se carga y puede usarse en los comercios adheridos al sistema. El ingreso de la bip! a este sistema permitiría también que fuera un instrumento para realizar compras.

Los bancos y retail rechazan que Metro y la tarjeta bip! entren al sistema, aduciendo que éste es un negocio privado al que entraría con una posición dominante. Ante ello, es importante precisar que Metro no recibe subsidios y que opera como una sociedad anónima.

La condición de la bip! como instrumento financiero implica la inclusión de las personas de menores ingresos,  un gran impacto social, con cinco millones de potenciales clientes.

Los chilenos que tienen tarjetas de débito o crédito las utilizan poco, sin embargo, Chile está rezagado en el desarrollo de tarjetas como medio de pago respecto a las economías más desarrolladas.

El 76% de los usuarios de la bip! no están bancarizados. Además, según la encuesta Casen sólo el 37% de las personas pertenecientes al quintil de menores ingresos cuenta con algún tipo de tarjeta. El Estado, en general, no usa medios electrónicos para pagar jubilaciones o bonos. Todo lo anterior genera un contexto propicio para aplicar esta medida.

El crecimiento de los puntos de recarga de la bip!, y la anunciada carga desde el celular o computador, permitirían perfectamente que la bip! se transformara en una tarjeta de prepago.

Una competencia leal y nuevos actores irían en beneficio directo de los consumidores.

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