Un antiguo relato cuenta de un cochero que transportaba gente entre dos pueblos. Él lograba hacer cuatro viajes por día, a cierta velocidad. Sin embargo, sucedió que, por la antigüedad del carruaje y las piedras del camino, se rompió una rueda. El repuesto tardaría un mes en venir de la gran ciudad. En ese momento, el cochero decidió arreglar lo que quedaba de la rueda, pero tuvo que disminuir la marcha y sólo logró hacer un viaje de ida y vuelta por día.

Al principio el cochero se sintió pésimo. La poca velocidad del carro lo frustraba y menos gente quería tomar aquel viaje. Sin embargo, en poco tiempo descubrió que en su camino, el mismo que había realizado tantas veces, había plantaciones de hermosos frutales, campos de girasoles, algunas casas muy bonitas e, incluso, logró divisar un santuario encima de una colina.

Pasó el mes y llegó el repuesto, pero la experiencia de andar despacio por el camino, por la vida, lo cambió. El hombre devolvió el repuesto para seguir andando lento, pero percibiendo los detalles de la vida.

Tú que vas en el Metro. Lee estas líneas y piensa si no vamos demasiado rápido en la vida y si no nos perdemos demasiados paisajes y momentos. Mientras nuestros hijos crecen o en nuestra vida ocurren episodios que queremos olvidar o al mismo tiempo recordar, muchas veces no llegamos ni siquiera a darnos cuenta de lo que tenemos en la vida.

Claramente es difícil bajar la marcha. La consigna de la sociedad de hoy es acelerar, corre y no pierdas el tiempo. Tal vez, debemos ser capaces de cambiar esta actitud y ser más consciente de lo que nos pasa, de lo que nos rodea y así disfrutar. Veámos la parte buena del paisaje más hermoso que nos brinda cada día: nuestra vida.

A ti que andas en el Metro, que goces de un muy buen día y trata de correr menos y gozar más.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro