Yo tengo claro que se puede caminar y comer chicle al mismo tiempo. Se puede hacer más de una cosa a la vez. Pero también tengo claro que no se puede tener el corazón y la motivación en dos partes al mismo tiempo.

Por eso, los gobiernos lo que hacen es definir sus prioridades y su sello, aquello por lo que creen que vale la pena jugársela para que el país sea mejor.

La Presidenta ha dejado claro cuál es esa causa para ella: establecer una nueva Constitución que termine con la institucionalidad existente y que establezca un orden nuevo.

¿Sabe usted que más del 70% de los chilenos reprueba la gestión del Gobierno? ¿Sabe usted que más del 60% de los chilenos reprueba la forma en la Presidenta conduce el país? ¿Sabe usted que nuestro Congreso Nacional y los partidos políticos -sí, esos de los cuales yo también soy parte- tienen su peor evaluación en décadas?

¿Cree usted que en todo este contexto vale la pena empezar un proceso enorme para cambiar la ley fundamental del país, aquella que requiere un ambiente de confianza y unidad para desarrollarse?

Yo pienso que no. Pienso que el Gobierno y las instituciones del Estado sufren un amplio rechazo porque se ha perdido el sentido común y la conexión con los problemas reales.

Dos ejemplos sobre ello: el sábado antepasado, mientras se venía un enorme temporal en Santiago que terminó con inundaciones y problemas el domingo, los ministros, subsecretarios y funcionarios se dedicaban a recorrer el país no para prevenir desastres y planificar los efectos de las lluvias, sino para difundir el proceso constituyente que la presidenta ha querido promover. Eso es falta de sentido común y conexión con la realidad y las prioridades.

Un segundo ejemplo: este sábado, la Presidenta participó en San Miguel en uno de los cabildos o encuentros locales por el tema constituyente, mientras horas antes la directora del Servicio Nacional de Menores (Sename) renunciaba después del escándalo de la triste y dolorosa muerte de una mejor en uno de los centros de la institución.

¿En qué quiere usted que esté la Presidenta y sus ministros? ¿Paseando de cabildo en cabildo constituyente, o resolviendo los problemas importantes y dolorosos del país como la realidad que se llora y grita a toda voz con los menores vulnerables de Chile en el Sename?

Yo quiero que el gobierno de Chile sea capaz de priorizar y atender las necesidades de las personas. Hoy los chilenos reclaman por la delincuencia, la mala calidad del transporte público, la lenta atención en la salud pública, la falta de trabajos nuevos para jóvenes y mujeres, la calidad de vida de los muchísimos jubilados de nuestro país, entre tantas otras cosas.

¿Ha visto usted a la Presidenta hablando de estos temas con pasión y compromiso en el último tiempo? Yo no. Pareciera que no le importa tanto, que no logran ser temas que le ocupen su energía y compromiso como si se lo genera este proceso constituyente manipulado y poco creíble.

Un mensaje para la Presidenta: Presidenta, ¿y si en vez de hacer tanto cuento por una nueva Constitución, se dedica a hacer con urgencia un nuevo Sename? Sí, uno que pueda separar la realidad de los niños infractores de aquellos que son vulnerables y abandonados. Un nuevo Sename que pueda sacar lo mejor de niños que necesitan una segunda o tercera oportunidad en la vida. Un Sename que demuestre que para el gobierno los más postergados y vulnerables son la primera prioridad. Un Sename que nos llame la atención a todos de que no podemos ser indiferentes ante niños que sufren y duelen en silencio y por tanto tiempo bajo la tutela del Estado. Eso, Presidenta, es sentido común, sentido de urgencia y sintonía con las necesidades sociales.

Presidenta, la invito a cambiar sus prioridades. Partamos por lo urgente e indispensable: dedíquese al Sename,  a nuestros niños, a los que no tienen quién los defienda. Una vez hecho eso con éxito, si quiere conversamos de la Constitución.

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