Los deportes que celebran los Juegos Olímpicos exponen los cuerpos de los atletas al límite. El desarrollo y funcionamiento de la máquina humana crea individuos sobresalientes como traídos de otro planeta. Asombro, admiración, incluso incredulidad, son pasiones que se arrebatan en el espectáculo del cuerpo.

Como si cada atleta fuera un Ferrari, como si cada animal fuese una bestia, indomable, mientras acecha y destroza su presa. La velocidad, el temple, la inteligencia, la estrategia, se transforman en indispensables para lograr el triunfo.

Hace pocos días conocí a un animal llamado Lobo, una máquina que probablemente desde su diseño fue ideada casi perfecta y evolutiva como el cuerpo humano. Una tremenda casona enclavada en el nuevo polo gastronómico de El Rodeo.

Arquitectura de materiales nobles y diseño moderno, conjunción de ideas avanzadas con infraestructura de primera línea. Lobo es franco chileno, un galo de gustos patagónicos, que agradece la materia prima de nuestra tierra. La cocina a la vista y su transparencia dan un show maravilloso a los comensales, especialmente a quienes nos sentamos en primera línea y sabemos disfrutar de la función. La intachable higiene y la vestimenta del lugar dan garantías sobre la calidad del producto final.

Hay clásicos y versiones chilenizadas de otros clásicos. Era una celebración, así que nos inspiramos y degustamos. Vasos de agua, llenos, fueron nuestra recepción, vino blanco para ella, que puedes elegir sobre distintos tamaños de llenado, y una IPA bien amarga para mí, la que también ofrecen en variedad de volúmenes.

Los gustos cambian, pero las tendencias prevalecen. Partimos con tártaro de vacuno bien picado y aderezado, donde resaltan las alcaparras y la mostaza, buen gramaje y acompañado de ensalada verde y papas fritas.

En la otra mitad de la mesa brillaba una oscura sopa de cebolla, caldo intenso muy aromatizado, en el que, con su ingrediente principal bien quemado, se mascaban los crutones con queso fundido. Gran comienzo.

A continuación, y ya algo más relajados, llegaron los fondos. Una sorpresa fue la ensalada César que, elegantemente montada, crujía y sonaba con varios matices, sacándola de la estructura gringa a la que nos tienen acostumbrados. Por otra parte, el vacuno llegó grillado en su punto, tres cuartos exacto, sin interpretaciones ni explicaciones sobrantes, acompañado de salsa bernesa y con una simpática cacerola con cebolla caramelizada y zapallo italiano.

La función terminó sin postre porque llevaba conmigo una caja de bombones que mi mujer ama, sólo infusiones para dilatar la salida.

El personal está bien instruido y supervisado, se nota la mano de quien ve y controla todo lo que sucede. Las pequeñas claves del éxito están dadas en este lugar, el animal es joven y aún debe madurar, pero con seguridad correrá el maratón de fondo de forma descollante, como un animal cuando está en peligro.

Coordenadas: Lobo Brasserie, Av El Rodeo 13332, Lo Barnechea. Telefono +56 232217990.

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