Si bien los contrastes pueden ser apetecibles, la miseria nunca lo será. No es derrotista el pensamiento, pero la situación actual de Chiloé deja mucho que desear, y próximamente toda la Región de Los Lagos y la de Los Ríos.

¿A quién quieren culpar? A los pescadores, que han estado ahí toda la vida, no creo. La marea roja es un fenómeno aislado pero controlado. Esto se salió de control, y porque el mar ya no es el mismo, ha perdido su salud, su brío, su energía, así que como a cualquier enfermo crónico un pequeño accidente lo pilla mal parado.

Entonces, si escarbamos un poco aparece el tema de las salmoneras, inversiones extranjeras, en mayor parte noruegas, que emplean y desemplean a los habitantes del territorio según sus faenas lo requieran. Seguramente harán lo mismo con las aguas del mar cuando se les transforman en problema más que en un aporte.

Al parecer, los tipos tratan sus granjas con tanto pesticida y antibiótico que el ecosistema se deteriora, se destruye, se extermina.

Los chilotes se pusieron los pantalones, son inteligentes en reprimir a los encapuchados y dar una pelea justa, dentro de todo pacífica. Es toda una cadena comercial que se rompe al no tener productos que extraer, todos sufren, el pescador, el que vende, el que limpia, el que cocina, hasta el que arregla redes y botes, todos quedan sin sustento y por eso imploran ayuda.

¿Qué pasaría si en ciertos restoranes el producto faltase? ¿qué pasaría si hoy hubiese pedido choritos al vino blanco o papillote de salmón? Por suerte no fue la elección. La otra noche fuimos a Le Bistrot, un no tan pequeño local ubicado en esa plaza tan codiciada por los restoranteros de Providencia, esa que no hace mucho sufrió los embates de la lluvia y el anegamiento provocado por la salida del río. Suerte la de Le Bistrot, que se empina sobre algunos peldaños.

La casa es francesa tradicional y entre negroni y negroni nos fuimos poniendo al día de la actualidad, nos embebimos en la trágica situación país que si no afecta a los pescadores tiene a los taxistas con pelos de punta, si no son los camioneros, son los profesores, si no son los… Ojo, con eso que de aquí a poco son más.

La comida, excelente. De entrada probamos el tártaro de res versionado con manzana y queso azul, un acierto para el paladar valorado. Los escalopines de foie en vino dulce con guarnición de tarta tatin competía sin esbozar vergüenza. Hasta ahí todo bien.

Y luego los fondos, una ensalada oceána con bastante marisco y yo pedí el confit de pato con papas salteadas, para mí uno de los bastiones de la más clásica de las cocinas regionales súper bien logrado.

Conversación a mil por hora celebrando el reencuentro, papilas a mil con los detalles de cada mordida, el postre no vino, pero el clavo oxidado cerró la velada, con una barra diligente, experta y rápida, platos de entrada a velocidad alta y principales en su punto exacto.

Nos fuimos con una grata imagen de un restorán que estaba lleno, seguro volveremos a comer choritos al vino blanco en cuanto cese la marea.

Coordenadas: Le Bistrot, Santa Magdalena 80, local 7, Providencia. Teléfono 222321054.

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