Entre antiguos edificios trato de capear el calor de mediodía. Las sombras son escasas y las veredas estrechas. La estructura del centro de Santiago se transforma en un adoquín de proporciones gigantescas que irradia sin tregua toda la energía calórica que sin pudor recibe. Es una piedra inmóvil que se desgarra para darle vida a la ciudad.

Quiero realizar algunos trámites y me cuesta. Como todos los chilenos estamos bajo el desamparo de los funcionarios públicos que se botan a paro, lo mío no es relevante, un certificado que perfectamente puede esperar. Pero qué pasa con los hospitales, con las consultas y los exámenes, eso es de vida o muerte. ¿Y si eso a nadie le importa?

La cosa se pone grave, la elección presidencial estadounidense inunda las parcelas de prensa, el futuro de Gringolandia vende más que el presente de nuestro pueblo. Son los noticiarios que se equivocan, no nos están informando bien, hace bastante tiempo. Sí, no es un fenomeno nuevo, es parte del control, parte del plan maestro. Lo que sí demostró EEUU, es que si el votante se levanta y acude en masa cualquier cosa puede pasar, no hay interpretación, la voz de pueblo es la voz del pueblo.

En cada rincón se esconde algo, es imperativo almorzar, hay poco tiempo y sigue el calor. Por fortuna estoy cerca de un pequeño palacio oriental que brilla por sus preparaciones japonesas con perfume peruano. República Nikkei es una cocina adaptada a su ubicación, es la nave que ancló en el centro el reconocido cocinero Juan Ozaki, donde podemos encontrar una oferta acotada pero bien variada.

Nos sentamos en una pequeña mesa al borde de la calle, el quitasol ayuda, pero ya nada importa, con el suave ruido de la micro cruzando por mi espalda. Es altamente folclórica la escena.

Bienvenidos a una aventura donde degustaremos de todo un poco, porque nos inclinamos por la oferta menú del día. Una pequeña bandeja con varios agujeros sirve para presentar una muestra de la colación diaria: ensalada, una escabeche de pulpo y pepinillo, un par de frituras de pollo apanado y medio roll con una rica salsa acevichada, medidas justas para acompañarse.

No debo olvidar la sopa, también en una ración recatada, una sopa miso con algo de ramen y verduras que aportan, con mucho sabor e irónicamente se tomaba bien con el calor del pavimento.

Creo que fuimos afortunados, el bolichito estaba lleno y nos atendieron rápidamente.

Para complementar, probamos un takoyaki, un tentempié típico de la comida callejera nipona, que es una masa delgada con relleno de pulpo y cebollín. La presentación es esférica gracias a unas planchas especiales que le dan la forma, bien bañadas en dos salsas. Fueron devoradas con más ganas que tranquilidad.

Un gran acierto para un almuerzo rápido, como se usan en el barrio, con una cerveza que estaba bien fría, lo que también ayuda para capear la temperatura.

Coordenadas:  República Nikkei, Merced 571, Santiago Centro.

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