¿Será que ya no lloverá más? Se avecina septiembre a paso veloz y al parecer las lluvias nos han dejado sin pena ni gloria. Deseo fuertemente que no nos sorprendan para las fiestas, porque si de aguaceros se trata, el 18 siempre se trae una sorpresa, la pesadilla de los fonderos, el diluvio inesperado que efecta al feriado patrio.

Cada vez queda menos para el zapateo por días ininterrumpidos, se vienen los terremotos, volantines y anticuchos, momento justo para abonar nuestro jardín en beneficio de tener un florido verano.

Pero sin duda alguna, hoy sólo hay una reina p’al 18, que debe culebrear entre choripanes, y bien lo sabe hacer. Es la soberana de los fines de semana en todo hogar chileno y durante el próximo mes se le venera. La empanada, sin duda, sobre todo la de pino, es el agape institucional de casi toda oficina, colegio u cualquier otra organización que quiera celebrar en patota la previa de las fiestas.

Ya hoy las fábricas más reconocidas de empanadas se aseguran el sustento con pedidos de cientos de ellas, a veces de miles. La calidad es la clave, esa combinacion de expectativas sobre la masa y su relleno, la disociación de partes que finalmente se amalgaman en un solo bocado que debe inundar cada centímetro de tu boca con suvidad y picardia.

Un buen ejemplo de culto a la empanada está presente en pleno corazón de Providencia, en una de las zonas más concurridas de la ciudad, donde da la impresión de que al horario de almuerzo no hay sillas disponibles y si encuentras algunas están calientes.

El pequeño templo que alberga esta religión se llama La Mensajería, es un comedor lúdico con una oferta gastronómica extensa, pero que no tiene, en esta ocasión, mayor observancia de mi parte que no sea el apartado de las empanadas.

Decorado con mucho cuidado, el local exhibe texturas y colores que le dan un aire cálido, como de taberna moderna. Al final del salón, donde ya se pierde la luz del exterior, aparece como un gran escenario la cocina expuesta, protegida sólo por un gran ventanal que les da privacidad y tranquilidad a las cocineras. Sólo vi chicas ese día, todas muy concentradas en las órdenes y obsesionadas en el doblado de las masas.

Es un lujo sentarse frente al ventanal y seguir de cerca cómo se van formando las órdenes, cómo a cada segundo se intercalan empanadas y otros preparados para salir a contener el hambre de los comensales.

Hay empanadas de horno y fritas, las primeras en dos tamaños, lo que te permite escoger varias de las pequeñas y revisar con detalle el abanico entretenido de sabores propuestos.

En mi caso ese día andaba solo y me aventuré a probar tres: partí con una empanada frita de queso y camarón, con un relleno contundente y sobre todo con un queso de buena calidad. Para continuar me abracé a una de pino de locos que con grandes trozos del univalbo y un buen encebollado se dejaba comer perfectamente, aagregándole un poquito de merken. Para terminar la saga y no irme sin degustar la carne, me avalancé sobre una empanada de cordero con chalotas al vino tinto, un relleno muy bien logrado con sabores claros y evidentes horas de cocción lenta.

Hay que darle tiempo al tiempo y agradecer que, así sean de horno o fritas, las empanadas son preparadas a la minuta. A mí me llegaron bien calientes a la mesa y el servicio se portó muy bien, atendiendo todas mis consultas y dudas.

La Mensajería es un lindo lugar para recordar el porqué la empanada es nuestra reina.

Coordenadas: La Mensajería, Av Nueva Providencia 2034, Providencia. Telefono +56 989213868.

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