Lamentablemente, en la vida real, en nuestro mundo y al contrario de la fantasía, ganan los malos, los villanos permanecen mientras los indicados como héroes quedan en el camino.

En desacuerdo con el entorno quizá, desligado de la realidad, pero con fines súper justificados, la falta de entendimiento del mercado, son muchas las razones que pueden llevar al cierre de un boliche que tiene más que decir, mucho que mostrar y detallar, planificaciones futuras que probablemente quedaron estancadas en la carpeta de varios.

Es extraño, pero la frágil sobrevivencia de los restoranes está forjada en variables muy poco manejables. Las modas, las personas, los estilos son percentiles poco fidedignos, muy interpretables de muchas maneras, la subjetividad es permanente. Es como el vino, si te gusta o no uno u otro vino finalmente es problema tuyo y de nadie más, no importa mucho lo que diga la encuesta Adimark o la SEP.

En una de las más hermosas esquinas del barrio Lastarria hoy se observa ausente uno de los máximos exponentes de la gastronomía europea de nuestro país. Hace pocos días el Ópera dejó de existir. Triste pero cierto, uno de los reductos más pragmáticos, elegantes y vanguardistas que han irrumpido en la escena dejó de respirar.

Si bien el show comenzaba desde temprano en la vitrina que enseña al mundo sus secretos con la bella cocina a la vista que da a la calle, la verdadera intervención del negocio, a mi parecer, venía por las noches, con una performance impecable que en pocos otros lugares logran emular. Por eso me extraña que un emprendimiento que es escuela para muchos, sea dejado en el camino, sea sujeto del castigo.

Afortunadamente el gen no desaparece, el renombrado restorán deja dos caballeros que no lo sustituirán, pero sí se abanderan en la misma familia: el Catedral, con su mambo activo y ultra presente en la movida musical local, y el Café del Ópera que le rinde honores llevando aún el nombre hacia la calle.

En las alturas del bar ya nos hemos adentrado, pero fue nuevo para nosotros darnos cuenta de la sutil elegancia presente en el Café. Pasamos un día muy temprano y optamos por pedir el desayuno. Si bien tienen una carta mediana, los alcances de la mañana son superiores, en alternativas de cafetería, masas dulces y pastelería clásica de buena mano se codean con la oferta de sándwiches, sopas, tortillas y ensaladas, buenos precios para un almuerzo liviano.

Lo nuestro fue el desayuno, grandes tazas de café con leche, más jugo, torta, fiambres y quesos para acompañar la canasta de pan, algo de palta y huevos. En fin, una parada bien completa que invita a quedarse. O tal vez un helado, en sus cómodas butacas, sobre todo en las discretas mesas ubicadas en el altillo del segundo piso.

Dejando algo en el pasado se logra avanzar, el futuro del Café del Ópera está protegido por el karma de su hermano mayor, un linaje respetable por donde se lo mire.

Coordenadas: Café del Ópera, José Miguel de la Barra, esquina Merced, Santiago. Teléfono +56 2 26643048

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