Sin duda que fue una mala noticia para la educación pública: varios colegios, hasta ahora emblemáticos, perdieron su condición de establecimientos de excelencia y no recibirán la subvención que administra el Sistema Nacional de Evaluación de Desempeño.

Liceos que gozaron de un merecido prestigio como el Instituto Nacional o el José Victorino Lastarria, por nombrar algunos, bajaron los indicadores exigidos, entre ellos el Simce, denotando una clara pérdida de la calidad académica que los lleva  -parafraseando al mundo futbolístico- a la segunda división de la educación chilena.

Es una lamentable realidad que muchos atribuyen a la pérdida de clases a raíz de las continuas tomas y los prolongados paros que han afectado a los establecimientos cuestionados, actos que fueron en algún momento justificados por algunas autoridades municipales calificándolos como “movilizaciones reivindicativas”.

El dato anterior es una verdad a medias. Las tomas son efectivamente situaciones que atentan contra la integridad de la comunidad escolar y tarde o temprano tendrían que evidenciar su costo. Sin embargo, esta realidad más parece ser la consecuencia lógica del lamentable estado de la educación chilena, la administración ideológica de ella, la mala selección de los contenidos, la falta de innovación y la incapacidad para generar métodos de nivelación para los alumnos con dificultades. Por cierto que ninguno de estos aspectos es abordado por la reforma que impulsa el Gobierno.

Pero afortunadamente esa situación no está generalizada. Por ejemplo, en Las Condes sus seis colegios municipalizados conservaron su condición de establecimientos de excelencia, noticia que ha sido recibida con alegría por la comunidad escolar.

Clave de este resultado es la existencia en esta comuna de un equipo profesional comprometido en el proceso educativo de niños y jóvenes, y de la voluntad política para construir herramientas que lleven a la nivelación de los alumnos. Casos destacables son el Centro de Aprendizaje Las Condes, donde equipos multidisciplinarios trabajan para reforzar y nivelar a los estudiantes con más dificultades, y también la política de “puertas abiertas” de los colegios que reciben a los alumnos los siete días de la semana para que amplíen su gama de conocimientos.

La reforma a la educación en Las Condes partió hace 15 años con un sistema de formación continua (de prekinder a cuarto medio), sin selección, con modernas metodologías, entendiendo que los alumnos no son todos iguales, pero que en cada uno de ellos –independiente de su nivel de vulnerabilidad- hay talentos que al descubrirlos los llevará por el camino de la seguridad y la confianza.

El severo revés sufrido por los colegios emblemáticos es un llamado de alerta al gobierno de la Nueva Mayoría para terminar con la confusión que existe en sus reformas, más orientadas a la cosa política, olvidando definitivamente que la meta es la calidad.

Es urgente proveer los recursos para que la educación crezca y que de una vez por todas las autoridades tengan la capacidad de poner el foco en un sistema educacional acorde con las necesidades del presente y del futuro. Y también, se hace necesario que Chile entero sepa que se está tratando de imponer un modelo que no garantiza los resultados académicos para superar la actual crisis.

En materia educacional, al igual que en otras facetas de la actividad humana, el trabajo serio, responsable y comprometido tiene su justo premio. Es el premio que disfrutan hoy los seis colegios municipalizados de Las Condes que conservan desde hace tiempo su principal característica: su compromiso con la excelencia académica.

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