A partir de ahora, todos los locales que expenden bebidas alcohólicas en la comuna de Las Condes deberán exhibir obligatoriamente ante sus clientes un afiche con el siguiente texto: “La venta, obsequio o suministro de bebidas alcohólicas a menores de 18 años, está penada por la ley hasta con prisión”.

Esta disposición, contenida en una ordenanza municipal, es un recordatorio y una advertencia a los dueños y administradores de botillerías o supermercados, como también a las personas mayores de edad que actúan como intermediarios para proveer de alcohol a los jóvenes consumidores.

Y hay buenas razones para que una municipalidad como la nuestra actúe con firmeza y persistencia para exigir el cumplimiento de la ley.

No cabe duda que uno de los grandes males de nuestro tiempo es el consumo de alcohol por parte de menores y adolescentes. Todos los estudios revelan el inmenso daño que esta situación provoca, pues sus consecuencias repercuten en ellos mismos, en sus familias y en la sociedad toda. Los menores que actúan sin límites frente a este tipo de consumo tienen muchas posibilidades de llegar a la adultez con un alto grado de dependencia del alcohol y otras drogas y portando enfermedades características del bebedor precoz.

Todos los que habitamos en la ciudad nos hemos encontrado, seguramente en más de una oportunidad, con deprimentes espectáculos que ofrecen jóvenes bebiendo o en manifiesto estado de ebriedad en las inmediaciones de colegios o en recintos circundantes a discotecas, en plazas, espacios abiertos u otros lugares de esparcimiento.

Detrás de esa realidad hay niños que han cedido a la presión social, que actúan por imitación a los adultos y que han encontrado en la ingesta alcohólica la forma de integrarse al grupo. También hay padres y familias que han sido incapaces de transmitir a sus hijos la responsabilidad para asumir los riesgos de sus conductas, que no han sabido reforzar la autoestima de los menores o que no han aplicado normas de comportamiento, como lo exige la autoridad de un jefe de hogar.

Pero este problema no es sólo responsabilidad de los menores afectados y de sus padres. También como sociedad tenemos el deber de observar seriamente este problema y aportar cada uno, en la medida de sus posibilidades.

Chile tiene una ley que reglamenta el consumo y la venta de alcohol bastante severa y a pesar de ello el alcoholismo se ubica entre las primeras causales de muerte prematura o incapacidad, asociado éste a accidentes de tránsito. Como en otros casos, estamos ante una verdad indesmentible: la ley, aunque severa, se transforma en letra muerta si la autoridad no incentiva su cumplimiento y exige el respeto a sus disposiciones.

Por esa razón, la Municipalidad de Las Condes emitió la citada ordenanza municipal, pues la existencia de grupos de menores bebiendo en lugares públicos demuestra que la ley, en algunos casos, no se cumple. Bajo sospecha están comerciantes inescrupulosos o personas que con absoluta falta de criterio actúan como intermediarios o comisionistas entre los comerciantes y los menores.

A ellos va dirigido el mensaje. También a toda la comunidad y por cierto a otras municipalidades para que se sumen a esta iniciativa. Las autoridades tenemos la obligación de ayudar a que los niños y los jóvenes se eduquen y se críen sanos de cuerpo y alma. Es la única manera de legar al país una generación de hombres y mujeres que lideren los grandes desafíos del futuro.

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