El pasado 14 de julio se presentaron las directrices de la XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile, que se realizará en Valparaíso el próximo año. Este evento -uno de los más antiguos de su tipo en el mundo- es la muestra más grande e importante de la disciplina, oportunidad en la que se muestran las últimas novedades en arquitectura y territorio.

Pero, ¿para qué les sirven las bienales a los chilenos? ¿Son importantes para construir una mejor calidad de vida en las ciudades y para los ciudadanos?

Ese tipo de preguntas es el que el equipo organizador se propone abordar y responder en el próximo encuentro. Bajo la consigna “desafíos impostergables”, el objetivo es que los arquitectos nos conectemos con la ciudadanía y tratemos cuestiones urgentes relacionados a asuntos de vivienda, planificación urbana, medio ambiente, transporte y segregación. Pero, a su vez, que nos hagamos parte de las conversaciones transversales sobre inclusión de grupos excluidos, especialmente los inmigrantes.

Ya no se trata de reflexionar sobre la estética, sino que pongamos a disposición los conocimientos arquitectónicos y urbanísticos al servicio del bienestar social y tomar parte en el debate de la construcción global, transversal y pluralista del país.

Una tarea prioritaria es reconocer que existe una cantidad considerable de gente que no conforma parte de los grupos que toman decisiones y se mantiene en movimiento sin ser considerados, integrándolos como interlocutores ciudadanos centrales en el diseño de sus barrios y los demás lugares donde desarrollan sus vidas.

La labor del arquitecto se está ampliando, más allá del pensamiento tradicional, para participar en la construcción de soluciones a las reales problemáticas que todos enfrentamos: desde la contaminación del agua y la atmósfera, el cambio climático, la democratización del transporte público, la revitalización de sectores de la ciudad postergados y la instalación de políticas reales de respeto y diversidad, por sólo mencionar algunos ejemplos. La visión de ciudad también permite ideas creativas e innovadoras en desafíos económicos, culturales y políticos.

Una discusión similar se está dando ahora en el extranjero. La Bienal de Venecia, liderada por primera vez por un chileno, el arquitecto Alejandro Aravena, es el espacio para una conversación internacional para que profesionales del rubro y un importante número de actores diferentes puedan intercambiar visiones y diseñar propuestas que concreten mayor equidad, armonía, paz y sostenibilidad en las urbes de todo el planeta.

Ciertamente, el Chile de hoy no es el de 40 años atrás. Esa constatación simple y evidente no lo es tanto cuando se trata de observar las nuevas responsabilidades que nos imponemos en la actualidad y hacia el futuro. El 2017 será una oportunidad para que podamos modelar la respuesta sobre lo que significa una bienal: una inflexión de lo que somos y queremos como habitantes de nuestras ciudades, a lo largo de nuestro país, y cómo dispondremos de los talentos para mantenerlas sanas, equitativas y transversalmente accesibles.

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