El ambiente político está crispado. Soy un convencido de que debemos canalizar nuestro descontento ciudadano a través de las instituciones que nos hemos dado. Con sacrificios, hemos construido una democracia relativamente buena. Perfectible, pero bastante buena, comparada  con el vecindario. Hay mucho camino por recorrer. Sobre todo en lo relativo a mayor integración ciudadana. Todos somos parte de esta mesa común que es Chile.

Las elecciones municipales fueron un balde de agua fría para todos los sectores. El gran ganador, como se ha repetido hasta el cansancio, fue el "señor abstención". Un voto de castigo ante la forma en que construimos sociedad, se dijo. Nadie puede sacar cuentas alegres ante esta advertencia ciudadana. Ojalá recapacitemos y en las próximas elecciones vayamos a votar.

La sociedad la construimos todos. Nadie sobra. Justamente en la diversidad radica parte de nuestra riqueza. El otro podrá ser un adversario político, pero nunca un enemigo. De hecho, son más las cosas que nos unen como sociedad que aquellas que nos dividen.

Tenemos muchas ventajas en relación a países similares al nuestro. Un idioma común, un clima amable, una democracia que se podría fortalecer cada vez más.

Estamos en deuda con los pueblos originarios. Y ahora con los inmigrantes. ¡Todos somos inmigrantes! Somos peregrinos en un mundo pasajero, por lo que siempre debemos mirar al otro como compañero de ruta. Eso nos hace más tolerantes y acogedores. Los inmigrantes son una riqueza para el país. Lo notamos en cosas tan pedestres como la comida, siguiendo con el canto, la música y la religiosidad.

El pasado domingo 26 de octubre, la comunidad peruana residente celebró al Señor de los Milagros, con sus trajes típicos, colorido, bailes y música. ¡Gracias! Un regalo para la ciudad. Otro tanto han hecho otras comunidades con sus celebraciones religiosas como los coreanos, chinos, haitianos. Son aportes que nos enriquecen.

Los católicos en Chile comenzamos el martes 8 el Mes de María. Si bien en el resto de la Iglesia se celebra en mayo, la conferencia episcopal chilena lo trasladó hace años para estas fechas, dado que es el mes primaveral, para terminar con el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción. Es un mes particularmente querido en Chile, donde se muestra el enorme cariño del pueblo a la madre del Salvador. ¡Súmese a esta entrañable y querida devoción, que sólo trae bien, alegría y paz!

Ojalá crezcamos en un mejor trato ciudadano. Me preocupan los altos índices de conflictividad ambiental. Las cifras de violencia intrafamiliar no bajan. Las agresiones contra la mujer tampoco.

Muchos chilenos alegan que se encuentran estresados y agobiados por el trabajo, la vecindad o la ciudad. Un antídoto bueno contra la desazón interior y desesperanza - si no, el mejor - es una buena relación con Dios. Cualquiera sea su credo religioso, practíquelo. Si los chilenos vivieran más su fe, la practicaran en su comunidad, otro gallo cantaría. Seríamos más felices, tendríamos menos problemas.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro