Este fue el lema de los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania en 1972. Desde ahí, se hizo lema general para todos los JJOO y se agregaron los cinco anillos de diferentes colores entrelazados y con la antorcha, símbolo de fraternidad, unidad, y los cinco continentes. La frase fue pronunciada por Pierre de Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos de la Edad Moderna, en 1896 (Atenas). Significa “más rápido, más alto, más fuerte”. El lema fue ideado por un dominico, fray Henri Didon, para el frontispicio de su colegio de San Alberto Magno, y a Coubertin le gustó y adaptó para los Juegos. 

Pero en cada evento se busca un nuevo lema y el de Río 2016 es “Un mundo nuevo”. Muy acertado. Buscamos hacer de nuestro vapuleado mundo, un mundo nuevo, mejor, más humano y fraterno.

Este mega evento es la culminación de un largo trabajo de las organizaciones deportivas locales, con 42 modalidades deportivas, 306 pruebas, 37 espacios deportivos distintos, 205 países participantes. Como dijo el Papa Francisco, los Juegos Olímpicos son muestra de fraternidad y alegría, sana competencia y espíritu de superación. Un oasis de paz en medio de las guerras y conflictos en los que está sumido un porcentaje no menor de la humanidad. Las casi tres semanas de duración nos regalaron no solo entretención sino ejemplos de superación, magnanimidad, entrega, nobleza. Son lecciones tanto los éxitos como los fracasos, las victorias como las derrotas.

Felicito aquí a los representantes de Chile por su entrega y espíritu deportivo. Un aliciente para los jóvenes a superarse, a dar lo mejor de sí. Un agradecimiento y felicitación especial a Erika Olivera, quien nos regaló un testimonio de superación y amor a la vida notables. La experiencia traumática que vivió por los abusos que sufrió de su padrastro no fueron freno para sacar lo mejor de sí, levantarse, sanar sus heridas y hacer de su vida una experiencia feliz y plena ¡Gracias Erika! Su mejor logro es su amor a la vida y espíritu de superación.

El empeño de los deportistas olímpicos es ya una gran victoria y un aliciente para todos. Tras muchas de las historias de éxitos de los deportistas participantes hay fracasos, decepciones, derrotas. Y se han vuelto a levantar. El mismo Michael Phelps es un ejemplo de ese mismo espíritu, ya que estuvo a punto de truncar su historia luego de Londres 2012, pero superó sus adicciones y se transformó en la leyenda que es hoy. Disciplina, trabajo serio, responsabilidad, fe, son los ingredientes necesarios para superarse y alcanzar nuestras metas.

Y tenemos una olimpíada que ganar como país: vencer la pobreza dura y ganar la batalla de la integración y mayor justicia. Ahí, debemos ser campeones. Tenemos los elementos para lograrlo. Que este mes de la solidaridad termine acercándonos más a esa meta.

Las opiniones expresadas aquí no son  responsabilidad de Publimetro