No estoy por la gratuidad universal para la educación superior. Chile no está aún para eso. Y quizá no lo esté nunca. De hecho, la tendencia mundial en materia de financiamiento de la educación superior va en sentido contrario. Las 10 mejores universidades del mundo son pagadas. Y muy caras. Muchos de los que ahora abogan por educación superior gratis (esto de gratis es un eufemismo: la pagaríamos todos con nuestros impuestos) hicieron posgrados pagados en el extranjero. Y muy comprensible. "Alguien lo tiene que pagar". Hay sistema de becas o créditos blandos que ayudarían a financiar esa educación superior, cualquiera sea esta.

Sí se debe apoyar a los quintiles más pobres, a fin de que no solo se cubra su educación sino todo lo que ello conlleva: materiales, alojamiento, movilización. Estoy por un sistema de becas, amplio y tan generoso como nuestras arcas fiscales lo permitan.

Lo que de ninguna manera debe ocurrir es discriminar entre universidades. Si va a haber ayuda, debe ser a los estudiantes, no a las instituciones.

Tengo mis discrepancias en esto de las "instituciones de enseñanza públicas. Suena a una suerte de monopolio en materia educacional, como si nadie más pudiera hacerlo salvo las instituciones estatales. Por lo que debe velar el Estado, todos los chilenos, es porque sea de calidad lo que se ofrece y que haya una gran variedad de posibilidades, de manera que se cubran todos los frentes académicos posibles.
Pero las prioridades estatales deben ser otras: la educación infantil y básica y disminuir la deserción escolar. Ahí se encuentran los grandes escollos en el desarrollo educacional. El futuro de un estudiante se juega en los primeros años de colegio. Lo demás, son añadidos más o menos importantes, pero nunca tan fundamentales como lo que se reciba en la primera etapa de vida.

¿Qué se decidirá finalmente en materia de gratuidad? Ha sido tan errático el discurso, tan liviano en la discusión y propuestas, que cuesta prever un resultado. Como sea, lamento la falsa percepción de la clase política, el acomodo a la opinión volátil de la ciudadanía en esta materia. Sabemos que no podemos darnos el lujo de "educación gratis" como se ha plantado, pero nadie se atreve a decirlo. Y los costos de una mala decisión son enormes.

Es de esperar que los aires navideños ayuden a los responsables de educación a tomar buenas decisiones por el bien del país.

Y a usted, buen lector, una buena preparación de Navidad. Que estas confusiones ambientales, de las que participan todos los sectores, no nos amarguen las fiestas de fin de año. Y a preparar bien el pesebre, para que el niño Dios nos traiga la paz, unidad y sabiduría que tanto necesitamos.