Lamentable la decisión de la comisión de Salud del Senado de legislar sobre una eventual despenalización del aborto en tres causales. La aparente despenalización es un eufemismo para decir legitimación, que será lo que finalmente ocurrirá si se abre aquí una posibilidad de abortar sin sanción alguna.

La despenalización del aborto será puerta abierta para todo tipo de abusos y una desprotección de la mujer que, ante la inseguridad y la presión social, terminará tomando una decisión que, seguro, en su fuero interno es otra.

Cuando una mujer embarazada en situación de riesgo se siente protegida por el entorno, jamás decidirá abortar. Con la legitimación del aborto, lamentablemente será fácil moverla a que lo haga.

No se puede estar legislando para casos excepcionales. La medicina ha desarrollado toda una práxis para abordar estos casos complejos. En el caso de la violación, es evidente que la creatura en el vientre materno no tiene culpa alguna. En el de la malformación, son tantos los casos de niños que han nacido y desarrollado una vida normal, que no amerita discusión alguna. En el caso de inviabilidad, nos encontramos a diario con decenas de niños que fueron diagnosticados como inviables y ahora juegan felices.

Ninguna de las tres causales anunciadas amerita una "despenalización". Es más: nunca se justifica el aborto. En estos tres casos y todos los casos complejos la medicina ha desarrollado una larga y sabia praxis que se ha sabido abordar, buscando proteger la vida de la madre y del niño. Ya se ha explicado hasta la saciedad que se pueden combinar los derechos de la madre y del hijo por nacer sin problema alguno. Hay un común denominador: la protección de la vida.

La discusión sí nos puede servir de algo: debemos asumir como sociedad el apoyo a las madres que tienen un embarazo difícil, que han quedado embarazadas producto de una violación o que su guagua es potencialmente inviable. Lo que ellas necesitan es mayor protección y apoyo, no el camino fácil de acabar con una vida porque nos resulta incómoda o pensamos que no va a vivir.

Todos los esfuerzos legales deben colocarse en mejorar el hábitat y seguridad de las embarazadas. Junto con ello, hay que facilitar la adopción, simplificar aún más los caminos para dar en adopción y adoptar. Son cientos las familias que con gusto se harían cargo de un niño no deseado, cuyo único delito fue haber sido engendrado.

Pero los esfuerzos por apoyar la vida no se acaban aquí. El drama de los hogares del Sename nos muestra el desamparo en que se encuentran muchos niños. Si algo bueno puede traer toda esta discusión es que agudicemos los sentidos y hagamos bien las cosas: destinemos más recursos a quienes más lo necesitan y protejamos la vida decididamente. No al aborto, sí a la vida.

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