Bajo a una estación de Metro y me encuentro con una señora cargada de paquetes de regalo. La pobre caminaba apenas cargando varias bolsas, haciendo esfuerzos para no caerse, presurosa para llegar a quién sabe dónde.

No sé si Navidad se trate de eso, la verdad. La imagen era entre triste y cómica. Por una parte, alabo a las madres que, con anticipación, buscan regalar una alegría. Casi siempre son mujeres las que llevan la parte pesada de estas fiestas. Pero por otra parte, lamento que mucho del sentido navideño se nos vaya en un quebradero de cabeza buscando los famosos regalos, para dejar contento a ese grupo familiar que, en estas fechas, crece misteriosamente.

No tengo nada contra ellos. Al contrario. Hay que hacer regalos. Son un signo de generosidad, cariño y desprendimiento. Basta un pequeño signo. Pero a veces resulta desproporcionada la importancia que le damos, olvidando que este tiempo debería ser de paz, tranquilidad, algo más de mesura. Vida familiar. Vale más el cariño que se coloca en el regalo que el precio.

Los chilenos regalamos poco. Comparado con otros países, tenemos pocas festividades relacionadas con regalar. De ahí que hacemos bien en regalar algo en Navidad, por poco que sea. Regalamos porque Dios se nos regala en Cristo Jesús. Recuerde: "Sin Jesús no hay Navidad". Él es el centro y sentido de la Navidad.

De ahí que le tengo que hacer dos preguntas: ¿colocó el pesebre? y ¿va a hacer regalos? Habría que añadir una pregunta más: ¿va a participar de alguna celebración navideña?

No sirve sólo regalar. Hay que celebrar, y de acuerdo a lo que la fecha indica. Incluya en su agenda navideña, desde ya, el participar de una celebración religiosa, como la "misa del gallo", a medianoche, o la misa de Navidad del día 25. Si puede, le aconsejo prepararse desde ya para la bendición papal "urbi et orbi" que transmiten varios canales de televisión al mundo entero. Cerca 2 mil millones de personas la ven.

El espíritu navideño es un todo: encuentro familiar en torno al pesebre, celebración con la comunidad de la parroquia o capilla, visita a los familiares, ayuda a quienes no tienen con quién celebrar Navidad. Así como nos regalamos entre nosotros, recuerde regalar a quien no recibe ni puede dar nada. ¡Que no haya ningún chileno sin un regalo!

Y leo por ahí unas buenas sugerencias de regalo de Navidad: a su enemigo, perdón; a  un oponente, tolerancia; a un amigo, el corazón; al cliente, un buen servicio; a todos, la caridad; para todos los niños, un buen ejemplo; para uno mismo, respeto y valoración.

Estamos en Adviento, preparando la Navidad. Prepare lo más importante: el propio corazón. La vivirá mejor.

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