La interpelación a la ministra de Justicia, Javiera Blanco, puso en evidencia el lamentable estado de los hogares del Sename y las condiciones de vida de los niños que allí son atendidos o viven.

Más de 10 mil niños viven en hogares del Sename. Varios miles más dependen de una u otra forma de sus servicios. Ellos han permanecido en las sombras, casi como el pariente enfermo escondido en casa por vergüenza a que lo vean los vecinos.

El asunto no da para romanticismos. Es grave, indignante. Cómo, un país que se ufana de estar al borde de alcanzar la modernidad, aún condena a miles de niños a una vida incierta, sin posibilidades reales de desarrollo sano.

Las energías destinadas a buscar solución al pago de la educación superior deberían destinarse al drama de esos niños que no escogieron ese camino, que fueron literalmente abandonados por sus padres o debieron ser retirados de sus familias dadas sus malas condiciones de vida.

De cada dos niños que hoy ingresan a un hogar del Sename, uno de ellos terminará robándole a usted la cartera, el espejo retrovisor o el auto. Y no es culpa de ese niño. Es suya y mía. Cada uno de nosotros caería en el delito si hubiese tenido un historial de vida semejante. No nos quejemos de las altas tasas de delincuencia si no hacemos nada para prevenirla.

La preocupación por el financiamiento de la educación superior debe dirigirse ahora a apoyar a estos niños e instituciones que los apadrinan. Pienso en la fundación María Ayuda y su encomiable labor de asistencia a menores en situación de riesgo y abandono. Ha salvado a miles de niñas de la prostitución, explotación y muerte.

Muchos nos hemos jugando en estos meses por la defensa de la vida desde su concepción hasta su ocaso natural. Invito a las organizaciones pro-vida a destinar buena parte de sus energías a prestar ayuda a estos niños ya nacidos pero abandonados.

De estas interpelaciones sale poco y nada de ayuda real al drama de los hogares. Lo invito, querido lector, a tomar el toro por las astas y apoyar a alguna organización que atienda a menores. Estoy consciente que no soluciona el problema global, pero es un paso importante. Ojalá que esto de la interpelación y acusación constitucional (¿servirá para algo todo eso?) nos lleve a preocuparnos de lo importante: dar a nuestros niños una vida digna, que crezcan sanos y felices.

En agosto celebramos el mes de la solidaridad por el día del Padre Hurtado, el próximo 18. Vemos a Cristo en el rostro de cada pobre, anciano, niño abandonado. Que la solidaridad sea tarea de vida, que no dejemos nunca de pensar en los demás, sobre todo de aquellos más abandonados y solos.

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