Los atentados en Bruselas han herido gravemente la paz mundial. Pensábamos que eran cosa del pasado, que ya podríamos comenzar el día con un poco de tranquilidad, pero no. Pareciera que el terror nos va a acompañar una buena parte de las próximas décadas, hasta que alcancemos definitivamente la paz.

El diálogo es la única posibilidad. Y apelo al mismo mundo islámico para que sea más convincente entre sus iguales y mueva a los sectores radicalizados a que se decidan por la paz, la buena convivencia, la tolerancia, como Mahoma lo predica y anuncia en el Corán.

El Islam es una religión de paz. Una mala caricatura ha transformado a los sectores radicales, el autollamado Estado Islámico, en un ícono de esa religión. Pero no es así. Nada más alejado de la sabiduría musulmana que ese grupo de terror, abusos y desprecio a la vida humana.

Los atentados terroristas en Europa son una invitación para nosotros a decidirnos nuevamente por la paz. La paz es una virtud que hay que cultivar todos los días. Uno no se puede dormir en los laureles. No es un espacio ganado. Es un trabajo cotidiano, constante, que comienza en la familia, en la casa. Educar para la paz, para el respeto, la tolerancia.

No nos escuchamos para debatir. Escuchémonos para abrirnos a la verdad del otro, para encontrar caminos comunes para una convivencia sana.

Pienso en Chile, en que tenemos espacio suficiente para ello. Podemos hacer de esta patria "una mesa para todos". Y en ese sentido, acoger mejor a los inmigrantes, entre los cuales la mayoría deja su patria y familia para, legítimamente, encontrar un lugar mejor donde vivir. Todos somos extranjeros. Somos aves de paso en esta tierra. Nos debemos tratar como hermanos de un Padre común.

Al término de Semana Santa celebramos la Pascua de Resurrección. La resurrección de Jesús, quien venció a la muerte. Los primeros cristianos tomaron el huevo como signo de ese acontecimiento único en la historia. El huevo es signo de vida. De algo aparentemente inerte, surge milagrosamente la vida.

Para los primeros cristianos fue un signo elocuente de la vida que nos trae Jesús. El papa Francisco pidió como regalo pascual que los cristianos “tratemos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos. Esto no es debilidad, sino auténtica fuerza”.

"Imploremos al Señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde del perdón y de la paz”, dijo en su homilía pascual pasada.

Que el Señor resucitado le traiga paz a su hogar, trabajo, barrio, a toda nuestra patria.
Regale, comparta y cómase un huevo de Pascua. Es de los pocos dulces que no engordan para mal, sino para bien.

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