El domingo celebramos la fiesta de San Valentín, Día de los Enamorados. Los cristianos comenzamos el miércoles el tiempo cuaresmal, cuarenta días para acompañar a Jesús en su camino a su pasión, muerte pero, sobre todo, resurrección. Creemos en un Dios de vivos, no de muertos. En Cristo tenemos nuestra fuerza y esperanza.

Y San Valentín, Día de los Enamorados, cae en estas fechas. Muy significativo que el amor se celebre en un tiempo en que acompañamos a quien nos amó "hasta el extremo", hasta dar la vida por nosotros. Así debe ser el amor siempre. Las frases grandilocuentes suenan lindas en esto de quererse. Nos podemos deshacer en cariños pero, al final, lo que cuenta es "dar la vida por el otro" en los pequeños signos y sacrificios cotidianos. Y eso es quizá la clave del buen amor. El pequeño sacrificio, aburrido, el de todos los días, el poco grato y poco reconocido. Y es ahí donde se juega lo más importante del amor.

Ya adelanté algo del espíritu y propósito para esta fiesta y toda la vida de pareja en la columna pasada. Esto de quererse, es una tarea que exige voluntad, buena disposición, humildad para reconocer errores y correcciones, y mucha generosidad, para saber ceder en las propias pretensiones y proyectos.

Circulan por internet una serie de sugerencias del papa Francisco para este tiempo cuaresmal, que bien pueden hacer suyas todos los que se quieren, todos los pololos, novios y esposos.

El Papa nos propone algunos sencillos actos de caridad para esta Cuaresma, obras concretas de amor, que se pueden vivir todos los días y que, toda persona enamorada, debería tener presente.

Lo primero, dice, sonreír. Un hombre de fe, un cristiano, cultiva la alegría. Luego, ser agradecidos, aunque no "debas" hacerlo. Recordarles a los demás que los amas. Nos decimos poco que nos queremos. Es bueno hacerlo conscientemente cada cierto tiempo. El amor no vive de sobreentendidos ni puros supuestos. Saludemos con alegría a las personas que vemos a diario. La rutina mata el amor.

Nos propone el Papa cultivar la paciencia, escuchar de buen ánimo las historias del otro sin prejuicios ni mala cara. Detenernos para ayudar a quien lo necesite.

Levantarle el ánimo a quien está abatido o agobiado. Celebrar sus cualidades o éxitos. Quien ama, piensa siempre en los demás. Haremos bien en seleccionar lo que no usamos y regalarlo al que lo necesite. Ayudemos cuando se necesite para que otro descanse. Corrijamos con amor. No callemos por miedo. Tengamos buenos detalles con los que están cerca de uno. Cultivemos el orden y la limpieza. Ayudemos a los demás a superar obstáculos.

Y por último, dice el Papa, llamemos por teléfono a nuestros padres. A veces, los pequeños gestos valen mucho más que grandes propósitos. ¡Feliz Día a todos los enamorados!

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