A propósito de las próximas elecciones de alcaldes y concejales, se hace necesario y fundamental escuchar qué posturas, conocimientos, capacidades y competencias tienen los candidatos para conducir los complejos procesos de desarrollo de nuestras ciudades.

Nunca debiésemos olvidar que las autoridades que elijamos serán fundamentales para el futuro de nuestras urbes que hoy apreciamos como cada vez más segregadas, inmanejables e ineficientes.

Las ciudades de calidad son y seguirán siendo aquellas en donde el Estado, el gobierno local, la ciudadanía, urbanistas, arquitectos y expertos se unan en pos del bien común: urbes amigables, inclusivas, respetuosas con el medioambiente, que promuevan mayor calidad de vida para sus habitantes y usuarios.

Recientemente, en el 9° Seminario de Actualidad Inmobiliaria, pudimos conocer lo que piensan distintos alcaldes y candidatos -Santiago, Recoleta y Colina- sobre cómo abordar la problemática del desarrollo de la ciudad; sin embargo, estas preocupaciones debiesen ser centrales en todas las campañas y estar en el interés de todos los electores. Como ciudadanos, debemos exigir y demandar que los aspirantes a autoridades transparenten sus posturas, para votar en conocimiento de ellas, y más allá de una ideología política, como ha ocurrido históricamente en Chile.

El urbanismo como disciplina rectora para diseñar planes ambiciosos y coherentes, así como el coraje y visión de las autoridades elegidas para emprender obras y planes con mirada de largo plazo, con los costos que ello en muchas ocasiones conlleva, son aspectos fundamentales.

Tenemos que elegir a qué ciudad nos queremos parecer. Barcelona y Atlanta son muy ilustrativas: la primera tiene 2,8 millones de habitantes, en 162 km2 de superficie y emite 0,7 toneladas de CO por persona en transporte público y privado. En tanto, Atlanta tiene 2,8 millones de habitantes, con una superficie de 4.280 km2 (26 veces más que Barcelona) y emite 7,5 toneladas de CO, es decir, diez veces más. Se trata de una diferencia elocuente y consideremos que Santiago es más asemejable a Atlanta como modelo urbanístico, con la desventaja adicional de contar con menores recursos y niveles de vulnerabilidad social superiores.

Compactación de la ciudad con densificación controlada y planificada, creación de subcentros, uso mixto del suelo, transporte público de calidad, impulso al tránsito no motorizado y más espacios públicos verdes son ejes del desarrollo.

Lamentablemente, todavía seguimos escuchando en algunos candidatos propuestas que, por ignorancia, populismo o prejuicios, parecen en ocasiones trabajar en la dirección contraria. La restricción de densidad y diversidad en los usos de suelo en barrios y comunas que cuentan con infraestructura, transporte público de calidad, parques, equipamiento y servicios, ,arginan y no acogen a nuevos habitantes: no sólo hay que facilitar los viajes en transporte público y privado, sino también eliminarlos, permitiendo la cohabitacion de usos de suelo distintos en un mismo barrio, o reemplazarlos por medios no motorizados, como caminar o desplazarse en bicicleta.

Bajo la ilusión o mirada nostálgica de la defensa de un estilo de vida de barrio que ya no tiene cabida en el presente ni en el futuro, se corre el riesgo de consolidar el empobrecimiento del bienestar de nuestras ciudades y sus habitantes.

La invitación abierta a todos los actores públicos y privados involucrados es a repensar y trabajar de forma integrada y perseverante hacia un crecimiento urbano con mejores políticas, evitando la segregación social y de funciones en nuestras urbes. Las ciudades del futuro, armónicas e integradoras, serán factores de felicidad para sus habitantes y motores decisivos de las economías locales.

Nuestro voto es relevante en este desarrollo, no te abstengas de votar informadamente.

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