En un panorama fílmico como el de las últimas décadas, cuando se habla tan a menudo de la carencia de ideas y propuestas originales en Hollywood, uno de los pasatiempos favoritos de los críticos es disparar sus dardos más severos contra toda propuesta que surja de una fuente previamente existente.-

Puede ser una adaptación de un libro famoso o el traslado a la pantalla grande de un videojuego o un cómic de culto, pero el blanco será aún más severamente castigado cuando se trata de un remake de una historia que ya cuenta con una conocida versión anterior para cine.

Y el más reciente ejemplo de esto último es este "Ben-Hur" que en estos días llega a buena parte del mundo, luego de meses de especulaciones, burlas y malos augurios de los cinéfilos en las redes sociales.

En estricto rigor, la novela original de Lewis Wallace, publicada en 1880, ha sido adaptada en imágenes en más de una oportunidad, incluyendo el filme mudo de Fred Niblo de 1925 y una reciente miniserie en 2010.

Pero si hasta hoy "Ben-Hur" es sinónimo de clásico del cine, es por la legendaria versión de 1959 que arrasó en los premios Oscar, al ganar 11 estatuillas incluyendo mejor película, director y actor. Una de las grandes superproducciones hollywoodenses de todos los tiempos, su fama es absolutamente merecida, ya que a lo largo de 3 horas y media es capaz de equilibrar un espectáculo colosal e impresionante con una historia intensa y conmovedora, que incluye amistad, traición, romance, injusticia y hasta un fuerte componente místico y espiritual, a través de la figura de Cristo.

El mérito principal es de William Wyler, uno de los grandes directores de la era dorada del cine estadounidense, capaz de lucirse en distintos géneros fílmicos conservando un sello y oficio indiscutibles, siempre muy bien apoyado por algunos de los nombres más emblemáticos de la industria: en el caso de esta cinta, desde una estrella como Charlton Heston hasta la maravillosa y ya inmortal banda sonora del gran maestro Miklós Rózsa.

Por todo esto, considerando el aura mítica e intocable de esa película, no es de extrañar la desdeñosa reacción de los cinéfilos más acérrimos cuando se anunció esta nueva adaptación de la novela.

Y por lo mismo, tras verla, lo más fácil y directo para la gran mayoría de los críticos sería despachar este nuevo "Ben-Hur" como un bodrio infumable. Pero la verdad es que aunque no le llegue ni a los talones a la versión de Wyler, y sobre todo considerando la filmografía previa del realizador ruso Timur Bekmambetov -que incluía títulos como "Guardianes de la noche", "Se busca" y "Abraham Lincoln: Cazador de vampiros"-, el resultado es bastante más digno de lo que los prejuicios pronosticaban.

No contiene grandes actuaciones, pero al menos los dos personajes principales, Judah Ben-Hur y su amigo y posteriormente rival Messala funcionan gracias al correcto desempeño de Jack Huston y Toby Kebbell, apoyados en roles secundarios incluso por una figura como el siempre eficaz Morgan Freeman.

Comprimiendo la trama en sólo dos horas, los guionistas -uno de ellos John Ridley, ganador del Oscar al mejor guión adaptado por "12 años de esclavitud"- tratan de incluir todos los elementos básicos del argumento, intentando hacer más hincapié en aspectos como el romance, pero sacrificando otros, como todas las apariciones de Cristo, reducidas acá a casi un resumen o un trámite más que un eje del relato.

La ambientación de época está bien, hay más de un momento bien resuelto visualmente y aunque el ritmo no es tan sostenido y es inevitable que los efectos digitales hagan de las suyas, un fragmento tan emblemático como la carrera de cuadrigas está filmado mucho mejor de lo que se podía temer.

¿Era necesario este remake o aporta algo, al menos una mirada novedosa o un toque contemporáneo en este mundo actual de intolerancia social y religiosa? No, claramente. ¿Llegará a convertirse en un clásico? Difícilmente, sobre todo con los tiempos que corren. Pero al menos el producto es menos terrible de lo que muchos temían.

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