Aunque una buena dirección de arte y ambientación puede ser un inmenso punto de partida para generar una atmósfera y tono que sirvan de marco a una película, también ocurre a menudo que termine tragándose a la historia y los personajes, y que el filme se recuerde más por su atractivo look que por sus cualidades argumentales y puesta en escena.

Afortunadamente, aunque a primera vista con "Dos tipos peligrosos" podría pasar lo segundo, su espléndida reconstrucción de Los Angeles de fines de los años 70 cautiva al espectador, pero lo que podría quedarse en la superficie, en la pura cáscara, funciona y entretiene.

Mezcla de cine negro, comedia, violencia y acción policial, la trama parte de una investigación y un misterio que transcurre en la ciudad californiana, tal como en el pasado hemos visto en clásicos como "Chinatown", de Roman Polanski, o en una variante más reciente, lisérgica e inclasificable el año pasado en "Vicio propio", de Paul Thomas Anderson.

La posibilidad de que una fallecida actriz porno muerta en un accidente esté viva, terminará entrecruzando los caminos de un matón y un investigador privado, a quienes se suma la extrovertida hija adolescente del segundo. La indagación surcará tanto los aspectos más llamativos y deslumbrantes de la ciudad, como sus bajos fondos y zonas de riesgo.

En su tercera película como director, el actor y guionista Shane Black (en 2013 obtuvo un enorme éxito con "Iron Man 3") intenta recuperar la fórmula que logró 30 años atrás con su guión para "Arma mortal" y las tres secuelas que seguirían a lo largo de una década, y de paso devolver al espectador el encanto de esas producciones protagonizadas por una dupla de hombres recios y de personalidades distintas que lograban complementarse en medio de peleas, golpes, persecuciones y unos cuantos chistes de por medio.

Ejemplos de este tipo de cintas hay muchos a lo largo de las décadas pasadas, pero en el último tiempo no hay demasiados trabajos de este tipo que sean particularmente memorables, y más bien se sienten como la reiteración de un arquetipo. Por eso "Dos tipos peligrosos" es un acierto en esta materia.

No es que el filme sea redondo ni carezca de defectos, porque de todos modos se alarga más de la cuenta y hay más de un bache en su ritmo. Pero igual sorprende y entretiene mucho más que el promedio de estrenos de la cartelera, su humor que roza la parodia y el absurdo sabe aprovechar las posibilidades de la historia y sus personajes, y en particular se beneficia del sólido elenco convocado, encabezado por unos notables Russell Crowe y Ryan Gosling, quienes tienen muy buena química entre ellos y además interactúan muy bien con la joven Angourie Rice.

Es un divertimento comercial, sin duda, pero además de los elementos cómicos y de acción tiene un tono de cierta nostalgia retro que lo hace tremendamente atractivo, tanto como la estupenda visualidad de su ya mencionada dirección de arte, realzada por la fotografía del talentoso y veterano Philippe Rousselot.

"Me casé con un weón"
Hace ocho años el director Juan Taratuto, el guionista Pablo Solarz y los actores Adrián Suar y Valeria Bertuccelli dieron vida a la cinta argentina más taquillera de 2008, "Un novio para mi mujer". Este año el mismo equipo se reunió para esta comedia romántica, "Me casé con un boludo", que también ha sido el título transandino más visto en lo que va de 2016 y llega a nuestros cines con su título "chilenizado".

Pero más allá de su éxito comercial, y del gancho especial a nivel latinoamericano que siempre tiene el cine de Argentina, Taratuto -de quien a fines del año pasado se exhibió en Chile su anterior filme, "Papeles en el viento"- no convence ni entusiasma por completo: su película parte bien con su juego de cine dentro del cine y algunos aciertos del guión, pero por el camino se estira innecesariamente, su ritmo es irregular y a ratos se siente casi como un producto televisivo predecible y estándar.

Si se la puede rescatar, es porque Valeria Bertuccelli es una buena actriz, capaz incluso de sacar adelante un producto menor como éste.

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