Más de un año después de su estreno mundial en el Festival de Cannes, y tras convertirse en la producción latinoamericana más elogiada y premiada del último tiempo (incluyendo la primera nominación al Oscar a la mejor película extranjera para un filme colombiano), llega al fin a los cines locales este tercer largometraje del realizador Ciro Guerra. Y la espera valió absolutamente la pena.

A partir de diarios reales de un científico europeo y otro estadounidense que exploraron la selva amazónica de Colombia, la historia se desarrolla en la misma zona pero en distintas épocas, contando como nexo con Karamakate, un hombre que antaño fuera un chamán y ahora vive solitario en la jungla como único sobreviviente de su tribu, pero la búsqueda de una misteriosa planta que emprende junto a un viajero que llega a buscarlo lo lleva a recordar su propio pasado.

Enigmática y fascinante, de partida "El abrazo de la serpiente" cautiva en términos visuales, por el poder expresivo y sugestivo de su notable fotografía en blanco y negro. Pero además como relato permite distintas lecturas, al abordar un viaje geográfico y a la vez interno que en buena medida evoca al Conrad de "El corazón de las tinieblas", y por ende a su recordada adaptación fílmica, "Apocalypse Now".

Al contraponer la sabiduría ancestral con los defectos inherentes al hombre "civilizado" el realizador no cae en el cliché de la bondad versus la maldad, porque también hay matices y detalles que potencian la trama, yendo mucho más allá del obvio mensaje ecológico que aparece en la superficie.

Alternando la naturaleza exuberante con el misterio y realidades pesadillescas, recurriendo a saltos temporales y a un ritmo que adopta distintas cadencias, la película fascina al espectador, pero también le plantea exigencias.

Conozco gente que ha quedado maravillada después de verla, mientras otras le han encontrado reparos; pero nadie puede negar que es un trabajo único y poco habitual, no sólo en el marco del cine latinoamericano, sino además en el panorama general de la cartelera. Definitivamente, hay que verla, y ojalá en cine.

"Los siete magníficos"
Aunque no alcanzaba la maestría narrativa ni el vuelo épico de "Los siete samurai" (1954) de Kurosawa, la trasposición al western del clásico japonés, estrenada seis años después bajo la dirección de John Sturges, se mantiene vigente como entretenido y dinámico relato de aventuras, sacando buen partido a un atractivo elenco y con una banda sonora de Elmer Bernstein que ya es un clásico en sí mismo.

Más de medio siglo después, este "remake del remake" ha sido recibido tibiamente e incluso con desdén por la crítica internacional. Una reacción excesiva e innecesariamente negativa, pues si bien en su esencia este filme no ofrece nada nuevo, su director Antoine Fuqua -el mismo de "Día de entrenamiento" y de quien aquí el año pasado comentamos el drama de boxeo "Revancha"- al menos desarrolla la trama con buen manejo del ritmo, alcanza cierta intensidad en el uso de la acción y una violencia más seca y directa que en la versión de 1960, además de aprovechar bien los paisajes y la recia camaradería que desarrolla entre sus actores.

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