Con pocas semanas de diferencia luego del estreno en Chile de "Ellos te están esperando", incursión danesa en el universo de los muertos vivientes, llega a cines locales otro trabajo de este recurrente género fílmico, ahora una película de Corea del Sur que se convirtió en el filme más visto de este año en ese país, además de tener un sonado debut mundial, en el Festival de Cannes.

Estamos hablando de la misma nación de donde han surgido nombres de realizadores emblemáticos en las últimas décadas a nivel mundial, como Hong Sang-soo ("In Another Country"), Kim Ki-duk ("Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera"), Lee Chang-dong ("Poetry"), Park Chan-Wook ("Oldboy") y Bong Jong-ho ("The Host), sólo por nombrar a los más reconocidos.

Considerando ese listado de directores ilustres (sin dejar de mencionar que las carreras de algunos de ellos han sabido de altos, pero también de bajos), no es menor el mérito del responsable de esta nueva producción, el cineasta Yeong Sang-ho. Mal que mal no sólo proviene de la animación, con tres largometrajes previos, sino además pudo darse el gusto de estrenar en este mismo año dos películas abordando esta misma temática: un mes antes de la premiere en Cannes de "Estación zombie", presentaba "Seoul Station", película animada que sirve de precuela para esta historia. Habría sido atractivo haber podido tener ambos trabajos estrenados en Chile para apreciar bien sus conexiones, pero quizá eso ya habría sido demasiado pedir...

"Estación zombie" se centra en un padre divorciado y su hija, dos de los pasajeros de un tren de Seúl a la ciudad de Busan, que se convertirá en el marco para una frenética lucha por la supervivencia cuando el país empieza a ser amenazado por un virus zombi, los viajeros comienzan a contagiarse y convertirse rápidamente en furiosos e incontrolables muertos vivientes.

Entre quienes intentan escapar de la carnicería figuran el personaje que casi se roba la película, el carismático Sang-hwa, junto a su esposa embarazada, un joven integrante de un equipo de béisbol y su novia, un vagabundo, dos hermanas mayores y uno de los villanos más odiables del último tiempo, un implacable hombre de negocios que sólo piensa en salvarse él mismo.  

Si nos ponemos estrictos, buena parte de lo que el espectador presenciará en pantalla obedece a códigos ya establecidos en este tipo de películas. Pero la forma en que su director orquesta y filma el relato, lo hace destacar por sobre el promedio de estrenos de los últimos años centrados en zombis, y por cierto mucho más logrado, entretenido y memorable que el rutinario y poco interesante estreno danés de hace un par de semanas.

El efectivo manejo del ritmo, algunas secuencias verdaderamente notables y electrizantes, la capacidad para desarrollar personajes atractivos y bien caracterizados en trazos concisos aunque funcionen como arquetipos, la habilidad para introducir certeros toques de humor negro e incluso la emoción característica del melodrama en medio del horror, son algunos de los indudables aciertos a su favor.

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