Con una trayectoria en la pantalla grande que se remonta a los tiempos del cine mudo, el célebre hombre mono creado hace un siglo por el escritor estadounidense Edgar Rice Burroughs cuenta con alrededor de 200 adaptaciones fílmicas, de las cuales una treintena son largometrajes. La mayoría de ellas tiene un valor casi meramente nostálgico, y son recordadas por consolidar la fama de figuras del pasado como Johnny Weissmuller, aunque la estrenada en 1984 -"Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos", dirigida por Hugh Hudson y protagonizada por Christopher Lambert- dejó un recuerdo más duradero por su ambientación y el intento de ser más fiel al original literario, e incluso fue nominada a tres premios Oscar.

Ahora, tras la versión animada Disney de fines de los años 90, llega un nuevo intento por revivir al clásico.

En esta ocasión la historia se inspira en los personajes y la trama originados por Rice Burroughs, pero el argumento comienza cuando Tarzán ya lleva ocho años instalado en la civilización, viviendo en su mansión junto a su amada Jane, en plena Inglaterra victoriana. Pero circunstancias económicas y políticas de carácter prácticamente diplomático terminarán determinando su regreso a África, y acompañado por Jane y un emisario estadounidense viajará al Congo administrado por los belgas, donde se reencontrará con sus raíces, descubrirá los abusos colonizadores europeos y deberá enfrentar a un inescrupuloso y refinado villano que intenta capturarlo a cambio de diamantes.

El realizador británico David Yates ya probó su oficio dirigiendo las últimas cuatro películas de la saga "Harry Potter", y al frente de esta aventura nuevamente maneja bien el ritmo y la acción, contando una vez más a su favor con la espléndida visualidad de la dirección de arte de su compatriota, el veterano Stuart Craig, quien se luciera en las cintas del niño mago, y ha ganado Oscar por películas como "Gandhi", "Relaciones peligrosas" y "El paciente inglés", además de ser el responsable de esta misma misión hace tres décadas en la ya mencionada "Greystoke".

También ayuda un elenco cuidadosamente armado, que incluye dos figuras juveniles que han saltado a la fama en los últimos años (en particular Margot Robbie, ya derechamente convertida en estrella del momento, ad portas del próximo estreno de la publicitada "Escuadrón suicida"), acompañados por dos ganadores del Oscar y otros dos nominados a la estatuilla (uno de ellos, el ubicuo Samuel L. Jackson, quien últimamente parece estar en todos los estrenos y sagas taquilleras). Al margen de su innegable atractivo físico, la pareja protagónica tiene carisma de sobra y es eficaz en sus roles, muy bien apoyada por los secundarios.

No se puede negar que aunque el filme tiene momentos muy logrados, entretiene e intenta innovar aportando giros al argumento tradicional, de todos modos el relato es convencional, cuenta con personajes que más parecen arquetipos -como el de Jackson, o en especial el de Christoph Waltz, quien interpreta una enésima variante del "malo" impasible y sofisticado- y por el camino se hace más predecible.

Además no se puede dejar de lamentar la notoria dependencia de los efectos digitales, que consiguen impresionar en más de una secuencia, pero se hacen demasiado evidentes y falsos en distintos momentos, como cuando el héroe se desplaza usando lianas hasta llegar a abordar un tren, o en una estampida cerca del desenlace.

Aunque siempre las comparaciones son ingratas o hasta innecesarias, es ineludible recordar que previamente uno de los grandes éxitos de la actual temporada fílmica, "El libro de la selva" (otra revisión actual a un clásico surgido de la literatura), supo deslumbrar con sus efectos visuales y la recreación de la jungla y sus animales. A pesar de esos detalles, y aunque la crítica internacional no la ha recibido con demasiado entusiasmo, "La leyenda de Tarzán" no defraudará al público masivo y se sostiene mucho mejor de lo que varios temían.

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