Mientras continúan en exhibición títulos como "The Revenant", "En primera plana", "La gran apuesta", "La habitación" y "Los 8 más odiados" y desde ayer distintas multisalas iniciaron la "Fiesta de los Oscar", como es habitual todos los años en esta época, se siguen estrenando trabajos que postulan a la estatuilla, y es así como esta semana la cartelera incluye cuatro nuevos largometrajes con diversas nominaciones.

De partida, la única nominada a mejor película que aún no veíamos en Chile: "Brooklyn: un amor sin fronteras", quinto largometraje del director irlandés John Crowley, centrado en una joven que viaja desde su Irlanda natal hasta el Nueva York de los años 50, buscando iniciar una nueva vida, aunque su timidez y la nostalgia por sus raíces hacen todo más difícil.

Con sutileza y sensibilidad, el realizador desarrolla un relato clásico y encantador, que pese a contar una trama tan convencional, conquista el corazón del espectador; su mezcla entre tradicional historia de amor con la búsqueda interior y las inseguridades y temores que implica la inmigración, se ve potenciada por las actuaciones -en particular la excelente Saoirse Ronan, nominada al Oscar a la mejor actriz-, el sólido guión de Nick Hornby -basado en la novela de Colm Tóibín y también postulando al premio- y una hermosa y lograda ambientación de época.

La belleza de la dirección de arte y el vestuario -también nominadas al Oscar- es también la fortaleza de "La chica danesa", ambientada en la Dinamarca de los años 20 e inspirada en la historia real de Lili Elbe, pintor que pese a vivir felizmente casado con su colega Gerda Wegener, paulatinamente comenzará a liberar la personalidad femenina que ha permanecido durante toda su vida sin expresarse en su interior.

El director británico Tom Hooper, el mismo de "El discurso del rey" y "Los miserables", vuelve a demostrar sus defectos y virtudes: además del esplendor visual, una gran dirección de actores -Eddie Redmayne y Alicia Vikander postulan a la estatuilla por sus roles-, pero a la vez su incapacidad para ir más allá de lo cosmético y profundizar de verdad en todo lo que implica una historia tan compleja y delicada como ésta.

A pesar de su hermosa superficie (también resalta una vez más la sensible partitura de Alexandre Desplat), el resultado se siente alargado y reiterativo.  

A su vez, el talento e imaginación del notable guionista estadounidense Charlie Kaufman regresan en su segunda incursión como cineasta, "Anomalisa", siete años después de su ópera prima, "Synecdoche, New York" (no estrenada comercialmente en Chile).

Co-dirigida por Duke Johnson y nominada al Oscar al mejor largometraje animado, esta sorprendente y atípica producción que utiliza la técnica stop motion en una conmovedora historia para adultos, cautiva y fascina tanto por los logros visuales de su laborioso proceso de realización, como por los alcances humanos de lo que cuenta en sólo 90 minutos: una mirada a las soledades, problemas afectivos y de comunicación del ser humano contemporáneo, tan memorable como las que Kaufman desarrollara en los guiones de cintas como "¿Quieres ser John Malkovich?", "El ladrón de orquídeas" y "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos", por la que ganó el Oscar.

Pero de todas las películas que se estrenan esta semana, la que tal vez sorprende más por los potentes resultados obtenidos es "Creed", segundo largometraje del joven realizador Ryan Coogler, suerte de sexta secuela de la saga iniciada en 1976 con "Rocky", en la que un sólido Sylvester Stallone -merecidamente postulando al Oscar por el mismo personaje con el que hace cuatro décadas recibiera su primera y hasta ahora única nominación- emociona y convence al retomar su Rocky Balboa, esta vez en un rol secundario, como mentor y entrenador del hijo de su emblemático rival, Apollo Creed.

Entretenida, intensa y muy lograda, "Creed" ha encantado tanto al público como a la crítica, y con justicia, ya que a pesar de sus diversos y acertados guiños a las películas anteriores de Rocky, no es sólo un vehículo de nostalgia fácil y oportunista, sino una muy buena película por sí misma.

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