Por esas coincidencias de la cartelera que de vez en cuando llaman la atención, entre los estrenos de esta semana se encuentran dos producciones europeas que transcurren en la nieve, aunque ambas son muy distintas entre sí: una es una comedia británica, basada en un hecho real y con clara vocación comercial y de entretención, que se exhibirá en diversas salas, mientras la otra es un muy particular drama familiar con toques autorales, que fue nominada a distinciones como el Globo de Oro, ha sido muy elogiada desde su estreno mundial hace dos años en el Festival de Cannes -donde ganó el premio del jurado en la sección Una Cierta Mirada- y se podrá ver sólo en Centro Arte Alameda.

Además de su trayectoria de cuatro décadas como actor, debutando en la pantalla en plena infancia y trabajando con autores de prestigio como Lynch, Jarman, Russell y Leigh (con logrados roles en cintas como "Juegos, trampas y dos armas humeantes"), el británico Dexter Fletcher también ha incursionado como director. En su tercer largometraje, "Volando alto", aborda una historia real, centrada en Eddie Edwards, un tenaz joven que a pesar de no tener mayor experiencia soñaba con integrar el equipo olímpico de Inglaterra participando en salto alto, y llegó a causar sensación en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988 en Canadá.

Partiendo del entorno de clase media que tanto ha abordado el cine inglés, el filme es un clásico relato de superación -por ejemplo, recuerda el tono de "Billy Elliot"- que no escatima recursos predecibles o lugares comunes, pero de todas maneras es efectivo, tiene un ritmo muy bien sostenido y consigue ganarse el corazón del espectador, además de contar con notables escenas de los saltos en la nieve.

A pesar de los muchos clichés, la trama tiene encanto, humanidad y valores positivos que le permiten llegar a un público familiar, y su ambientación en los años 80 es muy eficaz, no sólo en las canciones de la banda sonora (aunque la muy recurrente música incidental puede incluso llegar a saturar), sino además en su estética y puesta en escena.

Y sin duda sus actores también son otro punto a favor, tanto los sólidos secundarios -incluyendo breves intervenciones de veteranos como Jim Broadbent y Christopher Walken- como el protagonista: aunque su actuación es exagerada y casi caricaturesca, el joven Taron Egerton vuelve a demostrar el talento que ya exhibió en "Kingsman: el servicio secreto" y su rol menor en "Leyenda: la profesión de la violencia".

Por otra parte, aunque sólo se pueda ver en una sala y apunte a una audiencia menos masiva, vale la pena recomendar el nuevo largometraje del realizador sueco Ruben Östlund, el mismo que en 2011 ya fuera muy aplaudido y premiado por su anterior trabajo, "Play".

Acá, una familia aparentemente feliz se ve remecida en sus convicciones internas a partir de un impresionante e inesperado incidente, a partir del cual los padres se cuestionan tanto sus debilidades individuales como la estabilidad de su matrimonio.

Con un ritmo pausado que se ve interrumpido en ocasiones por nuevas sorpresas, bajo su ascética y calmada superficie que oculta tensiones a punto de hacer ebullición, este drama de alcances familiares y sicológicos se las arregla para deslizar oportunos toques -voluntarios o no- de humor.

Quizá se pueden cuestionar algunas decisiones argumentales, pero igual Östlund denota atención a los detalles, y "Fuerza mayor" funciona como una buena mirada a las estandarizadas rutinas cotidianas de turistas en vacaciones, así como también como un acertado retrato de una pareja en crisis, en el que las miradas y silencios conforman un acercamiento adulto, revelador y sobrio a este tipo de conflictos, mientras el paisaje frío y nevado es un marco que agrega simbolismo y expresividad.

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