Hace casi exactamente dos años, al escribir acá sobre "X-Men: Días del futuro pasado", anterior entrega de esta saga iniciada en 2000 como adaptación fílmica de los heroicos mutantes de Marvel, comentábamos que funcionaba bien y entretenía, aportando un nuevo impulso a estas películas, en especial al contar con el mismo director de las dos primeras partes, Bryan Singer ("Los sospechosos de siempre"), quien la retomaba en esa oportunidad luego de una década.

Entremedio los X-Men habían intentado sobrevivir como producto a la poco inspirada tercera parte de la primera trilogía, "X-Men: La batalla final", de Brett Ratner, y habían vuelto a entusiasmar a muchos en 2011 gracias a "X-Men: Primera generación", de Matthew Vaughn.

El regreso de Singer en 2014 no sólo ayudó a revitalizar su irregular carrera como cineasta, sino además a los propios mutantes cinematográficos, que necesitaban un resurgimiento potente, en especial luego del taquillero éxito mundial en 2012 de otro grupo de superhéroes Marvel, "Los vengadores".

Singer continuó con su intención de conformar una nueva trilogía, y es así como ahora tenemos esta "X-Men: Apocalypse", en la que el director vuelve a contar con algunos de los más fieles colaboradores en su filmografía, como su habitual director de fotografía, Newton Thomas Sigel, y el compositor John Ottman.

¿El resultado? Funciona de acuerdo a lo que se podía esperar y quizá no merece muchas de las críticas negativas que ha recibido en el extranjero, pero hay que reconocer que todo parece más bien un chiste repetido y alargado, que como ya es casi costumbre en este tipo de producciones, se extiende más de la cuenta por casi dos horas y media (la entrega más larga de los "X-Men").

La historia es básica y recurre a muchos elementos ya vistos en las producciones anteriores, contando como mayor novedad con la aparición del mutante más temible y poderoso de todos, quien resurge luego de miles de años tras haber sido enterrado en el espectacular derrumbe de una pirámide en el antiguo Egipto, hecho que aparece como prólogo de este nuevo filme.

Como si a Singer no le bastara con desaprovechar a figuras como James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence y Rose Byrne, a pesar de estar interpretado por un actor talentoso y en boga como Oscar Isaac, Apocalypse es un villano monocorde y aburrido, y toda la amenaza mundial que impulsa es tan floja y poco atractiva como lo reiterativo de los conflictos internos y divisiones que vuelven a exhibir los X-Men.

A una década de su fallido "Superman regresa", el cineasta vuelve a dar un traspié, a pesar de que recurrió a casi la misma receta que le funcionó bien en la película anterior, incluyendo guiños para los fans de estos personajes -cómo no, una breve aparición del popular Wolverine- y ambientación en el pasado: en las dos películas previas fueron los 60 y los 70, ahora es el turno de la década de los 80, lo que se presta para diversas bromas más o menos predecibles y hasta insistir en recursos que estuvieron mejor anteriormente (por ejemplo, como en 2014 Evan Peters se lució como Quicksilver en una escena con la clásica canción "Time in a Bottle", ahora tenía que ser algo similar pero al ritmo de Eurythmics y su "Sweet Dreams").
 
Desde que surgieran como personajes hace ya medio siglo, estos mutantes han sido una interesante metáfora social y política de la lucha por la igualdad que ofrecía mas capas de lo habitual en este tipo de cintas, pero tras siete producciones previas -incluyendo las cinco entregas "oficiales" y los dos subproductos centrados en Wolverine- y en medio de la aparentemente imparable y agotadora epidemia de películas sobre superhéroes, aunque no sea un fiasco ni un desastre, la grandilocuente y monótona "X-Men: Apocalypse" no deja con ganas de seguir viendo películas de estos personajes.

Una lástima, considerando que de este mismo material en 2003 surgió la que para muchos es una de las mejores películas de superhéroes que se han filmado: "X-Men 2".

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