¿A usted lo llaman regularmente para ofrecerle productos y servicios de empresas a los que nunca ha entregado sus datos? Este hecho da cuenta de malas prácticas que existen actualmente en el uso de los datos personales de los chilenos. Éstas comenzaron hace ya muchos años y de a poco han sido internalizadas en la cultura nacional.

Nadie se sorprende cuando se habla de comprar y vender una base de datos, independiente de que, según la regulación actual, esa práctica es completamente ilegal. ¿Pero cómo? ¡Si todo el mundo lo hace! Bueno, esto se debe principalmente a que la actual ley de datos personales no considera un ente regulador que vele por el correcto uso de los datos, por lo que la ley básicamente es letra muerta.

Ninguna institución tiene la labor de investigar y sancionar las malas prácticas en cuanto a los datos personales. Dado lo anterior, casos como isapres que venden datos de sus pacientes terminales a funerarias para que éstas “consigan” clientes, sucedan sin mayor pena que el repudio público.

La ley es bastante clara en cuanto a qué puede y no puede hacer un administrador de base de datos, pero el problema es que culturalmente en Chile no se tiene una noción ni de la ley, ni de qué los datos son realmente un activo personal de cada ciudadano. Esto pasa en todo nivel, desde las personas naturales a grandes corporaciones.

Actualmente, está en tramitación en el Congreso la nueva ley de datos personales, que se basa principalmente en la resolución de Madrid del año 2009. Ésta sí considera una institución independiente, por definirse, cuyo rol sería investigar y sancionar a aquellas personas y empresas que hagan mal uso de los datos ajenos.

La Ocde recientemente solicitó al gobierno de Chile poner celeridad a este proyecto, ya que fue uno de los compromisos que voluntariamente Chile asumió para entrar en esta asociación de países, pero que dado el gran número de reformas impulsado en el actual gobierno, ha perdido prioridad.

La nueva ley propuesta se basa en siete principios básicos que regulan el uso de los datos personales: proporcionalidad, calidad de los datos, finalidad, limitaciones de uso, seguridad, acceso y oposición de su titular y transparencia.

Estos principios deberían estar en la mente de cada chileno, ya que le permite entender de mejor manera sus derechos y deberes a la hora de entregar sus datos personales. En resumen, se necesita un consentimiento para cualquier uso de sus datos a no ser que vaya a pedir un crédito, en donde de facto faculta a la institución financiera a solicitar la información a los burós de crédito como Equifax, Siisa y Transunion.

En Chile ya se están dando los primeros pasos para permitir a las personas tomar control de sus datos personales: un buen ejemplo es la plataforma web ¡No Molestar!, implementada por el Sernac, y que permite a las personas solicitar ser eliminados de listas de envío masivos de publicidad.

Herramientas como ésta son las que de a poco van empoderando a las personas en cuanto al correcto uso de sus datos personales y, de paso, cambiando cómo los chilenos nos relacionamos con las empresas.

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